¿ Damos un paseito por Manzanares ?.

¡ Colombia hermana !.

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¡ Bienvenido/a a este blog !.

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Todo cuanto vas a encontrar en él, es una muestra de cariño y admiración a un padre, MELCHOR DÍAZ-PINÉS PINÉS, uno de esos tantos padres del mundo que creen en la familia y luchan por ella, que aman a su tierra, que la trabajan y reivindican con constancia. Es posible que los manzanareños más jóvenes pudieran encontrar en el blog algunos hechos, sucesos, curiosidades, costumbres que ya han desaparecido, que quizás hayan escuchado de sus antecesores ó, simplemente, que no conocen y puedan resultarles de interés.

¡ Nada más, amigo/a !. Gracias por estar con nosotros, con su familia y su sempiterno recuerdo.

HERMANADAS.

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M A N Z A N A R E S, en La Mancha.

martes, 5 de enero de 2016

19). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES, 1912…LA CASA DEL PUEBLO. “IGLESIA CIVIL"

Estamos todavía en la Casa del Pueblo, y la casualidad del momento iba a propiciar la crónica que pergeño sobre la marcha para todos ustedes, mis queridos lectores… 

Cuando nos disponíamos a salir del edificio, terminada su visita, el conserje, se acerca de nuevo a donde estamos Don Bernardino y el reportero que les escribe, para decirnos que terminan de llegar los familiares de un conocido dirigente obrero, que acaba de fallecer en la tarde de ayer, solicitando organizar aquí un acto de despedida al difunto… Don Bernardino, que conocía al muerto, por ser paciente suyo, y haber certificado su defunción la tarde anterior, en el domicilio familiar del finado, les hace pasar al salón de actos, donde nos encontramos…les reitera su pésame, y les dice que, por supuesto, la Casa esta a su disposición, para que puedan despedir aquí el cadáver, y que los que quieran puedan rendirle aquí homenaje y despedida, antes de su entierro civil. 

Marchan agradecidos a tramitar con el conserje los pasos oportunos para traer hasta aquí el cadáver desde su domicilio….y, Don Bernardino, me dice que se trataba de un buen hombre, siempre preocupado de buscar lo mejor para su familia y para el mundo obrero, del que era un dirigente muy apreciado en Manzanares…Me dice entonces que, aunque no lo habíamos comentado hasta ahora, esta es una de las utilidades que esta Casa del Pueblo ya tiene y seguirá teniendo en el futuro… y sigue diciéndome…. 

“Mucha gente no creyente, hasta hace poco, aparte del doloroso trance de la muerte de un ser querido, tenían que pasar por un ritualismo en el que no se reconocían y, encima, aguantar la admonición del cura de turno que, solía decir a los familiares, “que esperaba que Dios acogiera en su gloria al difunto, a pesar de su vida incrédula”….. “Personalmente, continua diciéndome, esta posibilidad de usar la Casa del Pueblo para este tipo de homenajes póstumos es una de las cosas que más me satisfacen, pues además de que casi todos habrán sido pacientes míos, como médico que soy de todos los de esta Casa, los que no son creyentes, para sentirse cómodos y confortados por los que piensan igual que ellos, tienen aquí su “iglesia”, … “y, los que son creyentes, tienen aquí al lado, bien cerquita, la Ermita de la Virgen de Gracia, donde es costumbre del pueblo hacer los funerales católicos”… 



“asi todos cómodos y acorde a sus deseos… y eso sólo se puede hacer así desde que se abrió esta Casa hace dos meses…pocos pueblos de España, tienen esta posibilidad”… y, continúa, “yo me siento muy orgulloso de haber contribuido a elevar la sociedad civil de Manzanares al suficiente nivel, para que nadie sienta el predominio de ninguna creencia, religión o ideología por encima de su voluntad”…

El cronista debe reconocer que quedó impresionado unos segundos, tras escuchar este último aserto de D. Bernardino, pues lo dijo con tal convencimiento, sentimiento y solemnidad, que “pondría los pelos de punta” a cualquiera que, como el reportero, lo hubiera oído… Era también evidente, una vez más, que el reportero tenía enfrente a una personalidad adelantada a su tiempo, y con esa hidalguía quijotesca propia de mucha gente de este Manzanares que, continuamente, me muestra grandes cosas y, sobre todo, grandes gentes… Le hago ver que me ha impresionado su última reflexión, pero le digo que gente como él es muy escasa en España, incluso en las grandes ciudades… Don Bernardino, se quita importancia, y me dice que no me ande con zalamerías, que lo que él piensa es algo muy normal… y termina su disertación diciendo algo que todavía me subyuga más...”Que más normal que, en una situación tan triste como una muerte, la familia y allegados se sientan cómodos, unos con otros, para poder dar un último homenaje al ser querido”…”si donde los deudos quieren es en esta Casa… ¡pues aquí se hace!…y si quieren en una Iglesia, pues en una Iglesia… los amigos y allegados, el clero y los no creyentes, deberían respetar la decisión del finado y su familia y, en lugar de criticarla, aprovechar estos casos para hermanarse, mostrando respeto a la creencia del otro por encima de la de uno”... 

Le hago ver, otra vez, a Don Bernardino, que me siento admirado por su forma de pensar, pero le reitero que, lamentablemente, es muy poco común en este País... y él me dice que no es así, que conoce a mucha gente que piensa como él…

Me sonrió, y le digo yo, que eso debe ser por que estamos en un sitio especial que se llama Manzanares!!!…y entonces, por primera, logró arrancar una carcajada a Don Bernardino Torres… que cambia su discurso... y me dice…”De todos modos, puede que usted tenga algo de razón, y, además, ya ha tenido estos días ocasión de conocer parte de la historia”,… “en Manzanares el clero y los civiles no nos llevamos muy bien últimamente, y no solo por el terrible y deleznable caso del Colegio de los Maristas,… esto solo ha hecho emponzoñar el grave conflicto previo, relacionado, precisamente, y en gran parte con este tema de la muerte….. “estamos inmersos en una guerra de creencias y de cementerios”, que no se sabe donde va a terminar”… “pero, amigo, eso le da a usted para otras crónicas muy jugosas de este pueblo”…

D. Dimas López González-Calero, cura ecónomo
de la Parroquia de la Asunción.

 “Le diré a muestro alcalde que le cuente al detalle la historia de esta guerra de cementerios, pues él la conoce como nadie, por estar viviéndola en primera “línea de combate”… y, si su paciencia y espíritu periodístico, se lo consiente y pide, contrastar su versión con la del Vicario D. Dimas”. Hay tiene usted un buen material, acaba diciéndome… Me parece tan interesante que le tomo, inmediatamente, la palabra…y quedamos en concretar el encuentro con el Sr. Alcalde, D. Antonio Rubio…. pero eso será motivo y razón de otros episodios.

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