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Todo cuanto vas a encontrar en él, es una muestra de cariño y admiración a un padre, MELCHOR DÍAZ-PINÉS PINÉS, uno de esos tantos padres del mundo que creen en la familia y luchan por ella, que aman a su tierra, que la trabajan y reivindican con constancia. Es posible que los manzanareños más jóvenes pudieran encontrar en el blog algunos hechos, sucesos, curiosidades, costumbres que ya han desaparecido, que quizás hayan escuchado de sus antecesores ó, simplemente, que no conocen y puedan resultarles de interés.

¡ Nada más, amigo/a !. Gracias por estar con nosotros, con su familia y su sempiterno recuerdo.

HERMANADAS.

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M A N Z A N A R E S, en La Mancha.

miércoles, 1 de enero de 2020

240). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: VUELVEN LOS FRANCESES: EL “GENERAL COJO” Y SUS “POLACOS”.



Le advertí en anterior crónica, querido plumilla, me comenta D. Cosme para iniciar ésta, que la ausencia de tropas francesas en Manzanares duraría poco. En los días siguientes a la marcha de Liger-Belair, la Comandancia militar francesa en Madrid se sintió cada vez más alarmada por la ausencia casi total de comunicación con las tropas de Dupont en Andalucía. El mismo Liger Belair, al salir de Manzanares con su tropa, el 15 de Junio de 1808, entre Villarta y Madridejos, encontró en su camino a un oficial, enviado de Madrid con información de enjundia para Dupont. 

A la vista de lo dejado atrás, continua D. Cosme, Liger Belair envió un parte a Madrid refiriendo que se había cruzado con el citado oficial, mostrando dudas que alcanzase su destino... y tenía razón, cuando llegó al Manzanares liberado, fue detenido por el alcalde Miret, y encarcelado en el castillo, en el primer acto de autoridad de la Junta de Gobierno de Manzanares contra los franceses. Veremos enseguida, sigue D. Cosme, como acabó esa historia…

La prepotencia del mando francés de Madrid, había dado por supuesto, que la carencia de información, se debía a que Dupont llevaba a cabo un auténtico “paseo militar” en su camino a Cádiz... Pero, cuando, en goteo de noticias, supieron de la rebelión manchega, y de las serias dificultades que encontraba Dupont en Andalucía, el frívolo optimismo gabacho, se tornó en preocupación; cayeron en cuenta que, en gran parte, esa falta de comunicación con el sur, se debía a que sus correos estaban siendo interceptados por las guerrillas locales en la Mancha, donde Manzanares era de los enclaves más prolíficos en esas “desapariciones”; y la de este último oficial, era una más de esa serie. 

Ante esa evidencia, y rumores inquietantes sobre la situación real en Andalucía, el mando francés de Madrid decidió enviar refuerzos sustanciosos a Dupont, en un intento de reforzar la potencialidad de su ejército y desbloquear la situación de incertidumbre y falta de noticias fidedignas. A esos efectos, en Madrid se decidió enviar a Dupont la segunda división de su ejército, admitiendo el error de no haberla mandado a fínales de Mayo, cuando Dupont comenzó su periplo hacía Andalucía, -comenta D. Cosme... Esta segunda división del contingente de Dupont, había quedado en Toledo para su defensa, al mando del General Vedel, militar de solo 35 años, con brillante historial en Europa, batallando junto a Napoleón. Vedel, continua D. Cosme, recibió órdenes de Madrid para partir, dirección Andujar, el día 17 de junio de 1808, con instrucciones precisas de restablecer las comunicaciones con Dupont y apoyarle....Al llegar a Madridejos, Vedel debía incorporar, y rearmar, las tropas de Roize y Liger Belair, llegadas allí desde Manzanares, días antes.. Se estableció para las tropas de Vedel un cronograma diario de ocho leguas francesas, descansando a la hora del calor en las orillas de arroyos, o sitios con abundante vino para el refrigerio, sin dejar nunca contingentes de pocos individuos aislados, para evitar casos como los de Santa Cruz de Mudela y Manzanares...
General Dupont.

Esto último, sigue D. Cosme, no se cumpliría en muchos lugares, dice con sorna D. Cosme, los efectos del vino, dejaban con frecuencia rezagados a algunos soldados, que solían ser víctimas de los “rebeldes del 7 en la gorra”. Previendo ésta posibilidad, Vedel tenía instrucciones muy claras de “castigar severamente” a los insurgentes, ahorcándolos en las Plazas Públicas de las villas, en número proporcionado a la gravedad de los hechos que hubiesen protagonizado,… “dejando abierta la puerta del arrepentimiento después de esta lección”... A estos efectos, la experiencia en esas lides, vivida por Liger Belair en Manzanares, sería utilizada durante el trayecto de las tropas, dejando en manos del citado Liger Belair, el correspondiente pacto de perdón, y no agresión, si fuese preciso hacerlo en cualquiera de los lugares por donde pasarían; algo que, quizá, mitigó, sigue D. Cosme, el disgusto previo de Liger Belair, que definió su integración en el regimiento de Vedel, como “poco agradable”, porque se le había retirado el mando de tropas, posiblemente por el episodio de Valdepeñas. 

La impresionante división armada de Vedel, sigue, contaba con seis mil hombres, entre los que había quinientos dragones, disponiendo de ocho piezas de artillería pesada,.. En su itinerario hacía el sur, desde Toledo, se precisaba que el contingente de Vedel, llegaría a Manzanares el 21 de junio, haciendo un día de descanso en la villa. Pero, desde el principio, pasaron por los distintos lugares del trayecto con un día de demora; llegando a Manzanares la tarde del 22 de junio de 1808. En todo el trayecto, como el propio Vedel dice en sus memorias, sigue D. Cosme, encontraron una situación muy distinta a la que advirtió Dupont cuando desfiló su primera división, solo tres semanas antes; Vedel escribió lo que sigue:

a medida que avanzaban por La Mancha encontraban mayores indicios de estupor: por delante, cortadas las comunicaciones… y, por derecha e izquierda, las gentes se armaban conforme a las instrucciones del intendente de Ciudad Real”…

El alcalde Miret, sabedor de la inminente llegada de Vedel, tomó medidas precautorias, avisando a los paisanos la que se avecinaba, e hizo enviar a Ciudad Real al emisario que tenía encarcelado en el castillo, en un coche escoltado, lo que no fue suficiente para el desafortunado oficial, porque cuando su coche llegó a la Plaza Mayor de Ciudad Real, una multitud exaltada y agresiva por las noticias y rumores que continuamente llegaban, se abalanzó sobre el coche, sacando al oficial, y apuñalándolo hasta matarle, sin dar pie, siquiera, a identificarlo.. Este oficial, traído de Manzanares, se convirtió en el primer muerto de la guerra de la independencia en la capital de nuestra provincia…

Horas antes que Vedel entrase en Manzanares, aquel 22 de Junio de 1808, lo hizo su tristemente célebre “batallón polaco”, al mando de un personaje cruel, despiadado y detestable, el General Poisont, quien quedaría inmortalizado, bastantes años después, en la obra teatral “Sotomayor”, como “el general cojo”. Este impío general francés, quizá en un acto de represalia por los hechos de dos semanas antes, en el hospital de sangre francés de Manzanares o, simplemente, porque actuaba así en cualquier lugar adonde llegaba, ordenó a sus soldados, mayoritariamente polacos, saqueos indiscriminados en nuestra villa,. Quizá, porque la población fue avisada por las autoridades, de la llegada de este batallón con tan mala fama, muchos lugareños abandonaron la villa, buscando refugio en quinterías de los campos aledaños, o yendo a refugiarse a pueblos cercanos. El siniestro batallón polaco, “campó por sus respetos” en Manzanares, durante unas horas, realizando saqueos, requisas y destrozos en muchas casas de la villa, (algo que volvería a suceder, por los mismos protagonistas, y con mayores destrozos, un año después). Todo este episodio quedó reflejado en el “Manuscrito de la Merced” de esta manera: :"...unido (Liger Belair) con siete mil hombres del General Bedel, volvieron a Manzanares el día ventidós del mismo mes. Así reforzados era de temer que no tendrían respeto a un indulto concedido en tiempo de necesidad; y desde luego esta tarde de su llegada, a pretexto de lo acaecido en el hospital, el General cojo Punsoin promovió un motín militar contra el Pueblo, en cuyo primer impulso hubo robos de consideración; y a no haber sido por el Grl. Liger-belair, que fiel a su palabra, defendió al Pueblo, hubieran sido incalculables las desgracias…”

Guerra de la Independencia, cuadro del Pintor Sorolla.

De momento, valga decir –continua D. Cosme- que, sin duda, ese “batallón polaco”, fue el que peores recuerdos dejó en Manzanares en la guerra de la independencia…Como memoria de su paso por nuestra villa, en la posteridad nos ha quedado el término “sima del polaco”, para referirse a un lugar situado en la plazuela de las monjas, al inicio de la calle Anega (de aquí su nombre, apostilla D. Cosme) donde se represaba y acumulaba agua por aquella época en Manzanares, en que no existía canalización urbana. Parece ser que tras la salida del pueblo de uno de esos contingentes polacos, apareció flotando en la sima, el cadáver de uno de ellos…posiblemente, uno de esos que, con frecuencia, quedaban rezagados, por efecto de nuestros ricos caldos -dice con retranca D. Cosme- algo que fue funesto para él, pues se supone que fue asesinado, y arrojado, allí por algún lugareño o una turba de ellos, exaltados por los saqueos a que había sido sometido Manzanares. Por este episodio, -continua D. Cosme- es por lo que, esa sima, sería conocida como “sima del polaco”. 

Así que, querido amigo, cuando oiga ese nombre ya sabrá usted porque se la llama así, y podrá contárselo a quien se lo pregunte, concluye D. Cosme este párrafo de su diserto… Menos mal, sigue, que al muy poco de Poisont, entró en Manzanares, con la misma vanguardia de tropas de Vedel, el general Liger Belair, quien, como quedó escrito en el “Manuscrito de la Merced”, al apreciar los destrozos infringidos por los polacos, y cumpliendo con la palabra dada a Sotomayor y al pueblo, atemperó al “general cojo”, cesando los saqueos y tropelías en pocas horas Un solo día permaneció la división de Vedel en Manzanares. La tarde del 23 de Junio de 1808, empezó su salida de la villa, hacia su destino andaluz. El general Vedel, todavía en Manzanares en la madrugada del día 24, escribió, de su puño y letra, el siguiente parte de guerra, a la máxima autoridad francesa en Madrid:.. Manzanares, 24 de junio de 1808, a la una de la madrugada.- He recibido, mi general, su carte de ayer, otra para el general Duponty el rapport adjunto.- Voy a procurar por todos los medios posibles comunicar con el general Dupont.- Los habitantes del país que atravieso han abandonado en la mayor parte sus casas.- Para que mi comunicación con Madrid continúe libre será necesario ocupar Madridejos con tropas, por débil que sea el cuerpo que allí se sitúe. Yo parto al instante para llegar a Santa Cruz, donde puede que reciba nuevos informes; los aportados por el espia concuerdan bastante bien con los que había recibido.- Acepte, mi general,  firma: el general Vedel…

Y con lo escrito, querido reportero, puede dar por concluida la crónica del episodio que acabó con la tregua libre de franceses en Manzanares, cuando la rebelión manchega en la guerra de la independencia. Desde la salida de Vedel, hasta la batalla de Bailen, Manzanares, y sus gentes, vivirían desasosegadas, en un continuo trasiego de franceses por nuestro solar…Pero todo eso quedara contado en relatos sucesivos, pues este ya cumplió, de bastante, con las pretensiones que me propuse para su contenido.


239). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: UNA SEMANA DECISIVA:...Y LIBERADOS DIEZ DïAS.


Ya hemos anunciado en la anterior crónica, inicia así D. Cosme esta, que el día 14 de junio de 1808, las tropas francesas de Liger Belair y Roize, abandonaron Manzanares con destino a Madridejos, tras haberse asegurado un mínimo de tranquilidad en las villas manchegas que habrían de atravesar. 

Ciertamente, Manzanares, fue una villa clave en la semana previa a ese día 14 de junio. La intermediación de nuestra Junta local de Gobierno, entre los antes citados generales franceses, las diferentes villas en rebelión, y el intendente general de la provincia de La Mancha, D. Juan de Módenes, resultó decisiva, particularmente por la actuación de nuestro alcalde mayor Juan Josef Miret, con el intendente Módenes y, sobre todo, la del párroco Frey Sotomayor, por su gran capacidad persuasiva ante los generales franceses y ante los mandatarios y jerarquías eclesiales de las villas de la región. 
Tanto en las cartas de Liger Belair, como en las respuestas de las villas, aceptando el perdón y sus condiciones, se ve el estilo e influencia de Sotomayor, cuya figura se erigía como un líder de Manzanares, pero también como una persona muy influyente en toda la zona. A nadie se le escapaba, y usted que es bien avispado pensará lo mismo, sigue D. Cosme, que los generales franceses se prestaron a estos pactos, conscientes de sus exiguas fuerzas, más que por un arrebato de súbita generosidad, exclama, jocoso, D. Cosme….pero nadie tan perspicaz como Sotomayor para advertir ese estado de ánimo de los dos generales franceses, ni tampoco nadie tan habilidoso como él para utilizarlo en benefició de las gentes de nuestro pueblo y, por añadidura, de las villas implicadas en la rebelión manchega…
Y en el caso de General Liger Belair, máximo responsable de la tropa francesa, -comenta, convencido, D. Cosme- fue muy notorio que Sotomayor, en esa segunda semana decisiva de junio de 1808, en que ambos tuvieron largas conversaciones diarias, no solo se estableció una confianza progresiva entre ellos, algo en lo que Sotomayor era especialmente hábil, es que nuestro párroco logró algo mucho más importante y trascendente para Manzanares y sus gentes.. a través del asentimiento de Liger Belair a su arte discursivo, obtuvo el acuerdo casi absoluto a sus planteamientos estratégicos y, todavía mas, el "quid pro cuo", que solo otorga la confianza personal, del "hoy por mi y mañana por ti", que Sotomayor introducía continuamente en su discurso a Liger Belair, en el que mostraba, sin ambages, las "debilidades momentaneas" de los franceses y de Manzanares que hacían conveniente el pacto, apostillando, además, nuestro párroco que, justo eso, el pacto compasivo de no agresión mutua, era lo que pedía la actitud cristiana y su responsabilidad como Pastor de Manzanares... 

General Leger Belair.
Ese compromiso mental profundo no escrito, entre Sotomayor y Liger Belair, sería decisivo y protector para Manzanares y sus gentes, a lo largo de toda la guerra de la independencia, que no había hecho más que empezar, tal como tendremos ocasión de ver en distintos episodios posteriores de la historia de Manzanares en esa terrible contienda, y pocas dudas hay que fue la más importante aportación de Sotomayor (entre las muchas que tuvo), a la gente de nuestro pueblo. También hay que reconocerle a Liger Belair que, en todo momento, en espisodios posteriores, mantuvo su palabra de intentar evitar represalias de tropas francesas en Manzanares y en las otras villas rebeladas en los días previos, y ese ambiente protector, “nacido” en aquella semana, explica mucho de lo que sucedió en ese gran encuentro histórico que propició Frey Sotomayor, entre Nuestro Padre Jesús del Perdón y el General Sebastiani, unos meses después…pero eso será motivo de otras crónicas que están por llegar…
De momento, sigue D. Cosme, en aquellos días, poco le importaba a D. Pedro, que alguien le tildase de colaboracionista o “afrancesado” por sus continuos contactos con los generales franceses, pues, él, desde sus principios cristianos y morales, veló, en estos tiempos de guerra, y antes que nada, por la integridad y seguridad vital de las personas. Todas y cada una de sus actuaciones en la guerra, como iremos viendo, se atuvieron siempre a esa premisa…el condicionante moral del “mal menor” lo tenía nuestro párroco tan bien integrado en su conceptualización cristiana de la vida, que si para salvaguardar vidas humanas, había que aparentar complicidad, su decisión al respecto era clara…es más, propiciaba el ganarse la confianza de los generales franceses, aun estando en contra de sus pretensiones y a sabiendas propias que, en cierta forma, les engañaba con sus artes seductoras. Para nada sentía disconfort moral alguno D. Pedro en sus estrategias, comenta D. Cosme… su inteligencia natural, sus firmes principios morales y la perfecta evaluación critica de las situaciones que afrontó durante toda su vida, le facultaban, especialmente, para mostrarse seguro y determinado en cualquier decisión que tomaba y, en base y fundamento de sus sólidos principios cristianos, con plena conciencia de estar eligiendo la mejor respuesta de entre las posibles; pero, apostilla D. Cosme, veremos en próximos relatos, que Sotomayor, siempre desde su perspectiva de pastor de almas, dio inequívocas muestras de su patriotismo, si hubo ocasión de hacerlo o fue menester ejemplificarlo.
Y, precisamente, por la debilidad en que se sentían las tropas francesas de Roize y de Liger Belair, a pesar de contar con unos 600 soldados de infantería, dos escuadrones de dragones y unos 500 soldados de caballería, (pero en su mayoría estaban en precarias condiciones de combate, tenían pocos fusiles y solo unos 600 cartuchos).. y aún a sabiendas de los buenos oficios de Sotomayor con ellos, y la confianza que les ofrecía nuestro párroco y su compromiso de contención de la gente manzagata, en los días que estuvieron en Manzanares no dejaron de advertir la clara animosidad de los aldeanos hacia su causa, algo que, también, nuestro clero local dejó escrito en el "Manuscrito de la Merced" de la siguiente manera "... su quietud (Manzanares) era siempre peligrosa, y dudosa la tregua"... 
Aparte, les llegaron noticias que mucha gente de los pueblos se estaba armando peligrosamente, y por si no fuese bastante todo esto para el ánimo de los franceses, durante esos días en Manzanares, no se sabe si en respuesta a alguna notificación de Liger Belair; de manera espontanea; o, más probablemente, a instancias de Miret o Sotomayor…el intendente general de la Mancha, D. Juan de Módenes, remitió a los generales franceses en nuestra villa, una misiva, en la que, sea o no así, se vuelve a apreciar el sutil estilo de Sotomayor, que contagiaba ya a todo el que escribía algo en aquellos días...D. Juan de Módenes, de una parte, en los primeros párrafos de su carta, accede a las peticiones de los generales acerca de la intendencia y necesidades de las tropas y los soldados heridos de su comitiva, autorizándoles a recoger caudales de la Real Hacienda en los pueblos que transitarían, demandándoles, a cambio, que salieran con sus tropas lo antes posible de la provincia de La Mancha, En su escrito, Módenes, le dice a Liger Belair, a ese último respecto, lo siguiente: "Estoy condolido por los últimos sucesos, V.E. inferirá cual será de sus resultas la conmoción de todos los pueblos de esta Provincia; por tanto espero se sirva determinar con la posible brevedad su salida de ella, medio único de conseguir la tranquilidad, a cuyo efecto devemos dirigir mutuamente todos nuestros esfuerzos".

Escenas de la Guerra de la Independencia.
De manera educada, pero taxativa, Módenes les invita a marcharse de Manzanares cuanto antes, algo que estaba también muy en el deseo de Miret y Sotomayor, por lo que no sería nada extraño que, en efecto, la carta de Juan de Módenes, hubiera sido instada, o tuviese el beneplácito, de nuestra Junta Local de Gobierno, que, al fin y al cabo, era la que mejor podía informarle del estado real de las cosas. De esta guisa la cuestión, en cuanto los dos generales franceses percibieron un mínimo de seguridad para ellos y sus tropas, a efectos de su marcha hacia el norte, por el Camino Real de Andalucía, muy conscientes del ambiente hostil que se vivía en la región manchega, decidieron abandonar Manzanares, con destino a Madridejos, a las cuatro de la madrugada del martes, 14 de junio de 1808. Esto que le acabo de contar, quedó también escrito por nuestro clero local en el muchas veces ya citado “Manuscrito de la Merced”, de esta manera: "No permaneció en esta villa sino hasta el día catorce de junio. Su quietud (Manzanares) era siempre peligrosa, y dudosa la tregua; por lo mismo retrocedió a Madridejos"
A su marcha de Manzanares, Liger Belair, Roize y sus tropas, llevaron también a todos los enfermos y heridos que podían viajar, dejando en nuestra villa a 33 heridos, cuya salud les impedía desplazarse. Fue significativo que Liger Belair, ordenó que estos soldados quedasen a cargo del clero local, incluso acogidos en sus viviendas, mostrando, con ello, el grado de confianza que había adquirido con Sotomayor, a la vez que responsabilizaba al alcalde Miret, de cualquier agresión que pudiesen sufrir...
Y así fue. querido plumilla, que Manzanares quedó libre de invasores, aquel día 14 de junio de 1808, ese interregno duraría poco, pero la sensación de libertad se notó enseguida, el pueblo retomó todas sus actividades cotidianas de vida social, laboral y eclesial en los días siguientes, y hasta se celebró una boda, entre D. Pedro Alcarazo y Dª Micaela Diaz-Peñalver, el día 16 de junio.. Pero, como va dicho, esto duraría poco, mi querido reportero,… estábamos en guerra, y en el centro del camino de Andalucía, además de ser Manzanares, algo muy importante, incluso para los franceses, dice jocoso D. Cosme… pero de esos episodios próximos, hemos de dar cuenta en otras crónicas, que ésta ya cumplió con lo pretendido en ella….

sábado, 21 de diciembre de 2019

238). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: OCHO DIAS....Y DOS LEYENDAS.


En la crónica que le propongo, me dice D. Cosme, pretendo hablarle de la semana que continuó ese "día después" al terrible episodio de la matanza en el hospital de sangre francés de Manzanares, aquel 7 de junio de 1808, y en la semana posterior, es donde, a mi juicio, comienzan a gestarse dos leyendas que acompañaran siempre a nuestra legendaria historia,. 


Una, el supuesto afrancesamiento de la villa de Manzanares que, como hemos empezado a saber por relatos previos, es falsa desde su origen,.. y otra… la leyenda de Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor, tan cierta como que hay noche y día, exclama D. Cosme, que solo hizo que cimentarse y engrandecerse en esos ocho días, donde nuestro insigne párroco, Sotomayor, puso las bases precisas para que la gente de Manzanares sufriera mucho menos de lo previsto las insidias y maldades de la guerra, empezando por evitar la cruenta venganza a que podriamos habernos visto abocados por la masacre del hospital de sangre.

Y es que, sigue D. Cosme, en esas mismas fechas, muchas cosas refutan ese supuesto afrancesamiento de Manzanares; por ejemplo, el recelo, tan lógico como natural, que tanto las tropas de los Generales Roize y Ligier Belair, como las gentes de nuestro pueblo, se tenían entre sí, aquel día 7 de junio en Manzanares, después de los terribles acontecimientos del hospital de sangre. Ese ambiente, crispado, y de desconfianza mutua, también quedó reflejado por nuestro clero en los escritos que hicieron de ese momento para el “Manuscrito de la Merced”, cuando hablan de la vuelta de Liger Belair a Manzanares, tras la batalla de Valdepeñas, que interrumpió su viaje a Andalucía, Nuestros curas describen, esa situación, de la siguiente manera:
el General Liger-belair, dejando su marcha para Andalucía; retrocedió a Manzanares y Dupont quedó sin este socorro por entonces, y el Duque de Berg sin la comunicación que solicitaba. Lo ocurrido el día anterior daba mucho temor, viendo venir tanto número de caballos; más si el pueblo estaba receloso y con sobresalto, no lo estaba menos el general enemigo; y luego que hizo alto a la vista de Manzanares se prestó a un acomodamiento, dando palabra de honor de que ningún mal sucedería, siempre que los vecinos permanecieran tranquilos. No permaneció en esta villa sino hasta el día catorce de junio”.

Hasta ese 14 de junio, en que los generales franceses y sus tropas abandonaron Manzanares, y en ese contexto de mutua desconfianza, ocurrieron cosas suficientes para justificar el título que encabeza el relato. Y empezaré por decir, sigue D. Cosme, que el mismo día 7 de junio, al mediodía, el General Roize y su pequeño contingente de soldados, aunque tenían cierta garantía por nuestras autoridades que la gente del pueblo no les molestaría, si no tomaban represalias por el suceso del hospital, estuvo a punto de abandonar Manzanares, hacia Villarta, para no correr riesgos ante los rumores que le llegaban de un posible levantamiento de los aldeanos de la villa… Con los preparativos del viaje hechos, apareció por Manzanares Liger Belair, con 800 soldados, una vez terminada la batalla de Valdepeñas… 

Roize quedó más tranquilo y, tras comentar la situación entre ellos, ambos generales estimaron, como más seguro, permanecer en nuestra villa, a la espera de conocer el estado de cosas en las demás villas manchegas que tendrían que atravesar, a la vista de la rebelión generalizada a que se asistía. La realidad es que Liger Belair y Roize estaban, el 7 de junio de 1808, aislados en Manzanares; sin comunicación con Dupont por el sur, ni con Murat por el norte en Madrid… y esto, continua D. Cosme, comenzó a gestar una de las leyendas que acompañan a nuestra villa, , la del supuesto colaboracionismo con los franceses, o “afrancesamiento”. En cierta medida, esto resultaba lógico en ese momento de gran tensión…nuestros vecinos de Valdepeñas, donde más arraigó esa idea, habían visto como Liger Belair llegó desde Manzanares para atacarlos, y luego supieron que volvió a nuestro pueblo para quedarse allí unos días. Los valdepeñeros, sigue comentándome D Cosme, no conocían que Liger Belair solo estaba de paso por Manzanares, el 5 de junio, en su trayecto hacía Andalucía para ayudar a Dupont, ni tampoco sabían que el ataque de Liger Belair a Valdepeñas, el 6 de junio, se debió solo a esa circunstancia y coyuntura temporal de estar de paso su tropa hacía Andalucía, coincidiendo con el momento de la rebelión en su villa,.. ni tampoco conocían nuestros vecinos de Valdepèñas, que Liger Belair, en lugar de seguir su marcha hacia el sur, retornó a Manzanares por motivos de seguridad para su tropa, y no por que estuviese aquí su cuartel, que fue lo que muchos pensaron. 

General Liger Belair

Probablemente muchos valdepeñeros, sigue D. Cosme, tuvieron la impresión que nuestra villa era un lugar donde los franceses se sentían bien acogidos, siendo desconocedores, en ese momento, de los sucesos del hospital de sangre, y que, desde Manzanares, salieron muchos lugareños en ayuda de su pueblo… Lo cierto es que, sigue D. Cosme, la situación estratégica y central de Manzanares en el Camino Real de Andalucía, y nuestro Castillo, que podía ser utilizado como cuartel general, nos convirtió desde el principio de la Guerra de la Independencia, y en el tiempo que duró, en un centro de operaciones y asentamiento de las tropas francesas; lo que, inevitablemente, dio a Manzanares una imagen de presunta complicidad con el invasor, algo que ya sabemos, y aun conoceremos más todavía, no fue en absoluto cierto, más bien todo lo contrario, Manzanares, y su gente, fue uno de los lugares más activos y beligerantes contra los invasores, entre otras cosas porque fue una de las villas que más los padeció... En este primer tiempo de la guerra, ya hemos conocido que un grupo de paisanos, probablemente instigados por nuestro patriota alcalde mayor Juan Josef Miret,, (quien, muy posiblemente, estaba en permanente contacto, a efectos de reclutamiento a favor de la causa española, con el intendente general Juan de Módenes, máxima autoridad de la provincia de la Mancha; otro gran patriota de aquel tiempo, que, furtivamente, estaba organizando compañías de “españoles rebeldes”, que en sus acciones se distinguían por llevar un “7” bordado en rojo en sus gorros)…Este grupo de manzagatos, se encargó de propiciar la deserción de dieciséis soldados españoles que estaban integrados en la “compañía de suizos” del gigantesco contingente militar del General Dupont, cuando éste transitó por Manzanares, a final de Mayo de 1808, y también, ese mismo grupo, se haría famoso en la interceptación frecuente de mensajes franceses, entre sur y norte, abordando, al estilo bandolero, en las inmediaciones de la villa a los soldados que transportaban a caballo esas misivas. Todo esto último que le comento de las gentes de Manzanares, prosigue D. Cosme, quedó transcrito por los curas de nuestro clero local, en el ya varias veces mentado, “Manuscrito de la Merced”, donde escriben de esas intercepciones de correos. esto:

“En estos intermedios hasta la batalla de Bailén, ocurrida en 18 de julio, se interceptaron en esta villa postas y correos, saliendo muchos vecinos al camino, como suele el cazador, a buscar y matar cuantos enemigos, ya soldados, ya correos, pudieran haber a las manos. De este sistema, cuya honra cupo igualmente a los otros pueblos, desde Manzanares hasta la entrada de Andalucía resultó al enemigo un mal imponderable; pues cortada la comunicación entre las tropas y el Gobierno, ni el Grl. Dupont pudo arreglar sus movimientos conforme a la necesidad, ni su principal darle órdenes oportunas que le dirigiesen; y no sería sin fundamento, no quitando a nuestros generales y soldados la gloria que adquirieron en esta jornada, al afirmar que la tal derrota de Dupont, y su rendición inespereda, se debió en gran parte a los procedimientos de Manzanares. Así lo aseguró el Ecmo. Sr. General Castaños en su tránsito por esta villa después de esta memorable victoria”.

Y la otra gran leyenda que se consolida entonces en Manzanares, comenta D. Cosme, ésta, real como la vida misma, es la de nuestro párroco Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor, quien en un derroche de su increíble capacidad de convencimiento mediante la palabra, fue capaz, primero, de atemperar el deseo de venganza de los franceses, y, enseguida, haciendo uso de la actuación del clero de nuestra villa en el hospital de sangre, mostrarse a los ojos de Roize y Liger Belair, como la persona más capacitada de nuestra villa para garantizar la seguridad de ambos y de sus tropas, por la autoridad que su magisterio representaba entre las gentes del pueblo y, en consecuencia, presentarse ante los ojos de los generales franceses como el mejor punto de apoyo en ese menester de seguridad propia que les preocupaba mucho, y que Sotomayor supo captar …La “mano de Sotomayor” , en todo esto que le cuento, se aprecia en los escritos de perdón que Liger Belair, en esa semana que estuvo en Manzanares, elaboró para nuestra gente, pero también para las villas de Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas y Madridejos. Incluso, en su redacción, se aprecia el estilo compasivo y directo de Sotomayor, que se ganó tanta confianza en Liger Belair, que posiblemente se atrevió a sugerirle como escribirlos, basándose en el conocimiento que él tenía de la gente manchega y su manera de pensar,…

Valdepeñas en el siglo XIX.

Sutil e inteligente, como era nuestro insigne párroco, seguramente también, en los contactos diarios que, como miembro de la Junta Local de gobierno de Manzanares, mantuvo con Liger Belair y Roize, durante esa semana les hizo ver que, esos escritos, convenían a todos. A ellos, generales y tropas, cansadas, débiles, y sin casi municiones, les convenía para llegar a Toledo o Madrid sin muchos sobresaltos…, y, a las villas rebeldes, para asegurarlas que no habría nuevas agresiones francesas, a cambio de la liberación de los soldados que aún permanecían presos en sus cárceles, y que dejarían transitar a los franceses hacia Toledo y Madrid, sin ser atacados…Es muy probable, que Sotomayor y Miret, se comunicasen esos días con las autoridades de las “villas perdonadas” y con el intendente Módenes, para convencerles que aceptasen ese perdón y sus condiciones, a cambio del pacto francés de no agresión… Todas esas villas, sin excepción, acogieron de buen grado la propuesta y, de nuevo, en algunas de las cartas de respuesta de esas autoridades, se aprecia el genuino estilo Sotomayor, cuya influencia y fama de buen hacer, era ya notoria en toda la región…Liger Belair llegó a escribir en sus informes de aquella decisiva semana, lo siguiente: “….los eclesiásticos se conducen bien y en Manzanares su conducta ha estado por encima de todo elogio”.

Y es ya momento, mi querido plumilla, de dar fin a esta crónica, suficiente en su contenido, para dar cuenta de ochos días decisivos en la insigne villa de Manzanares de la Mancha, que dieron pie a dos leyendas legendarias, el falso afrancesamiento de Manzanares y sus gentes, y otra gran leyenda, ésta absolutamente fundamentada, y que solo comenzaba…la de la legendaria figura del gran pastor de Manzanares, el insigne Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor

jueves, 19 de diciembre de 2019

237). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: EL DIA DESPUES, MAGNITUDES DE UNA TRAGEDIA.


En la anterior crónica, conocimos del asalto en Manzanares al hospital de sangre francés, en la versión que D. Cosme tiene, para si, como más probable de aquel terrible episodio. En esta crónica, quiere contarme las razones, que le llevan a esa conclusión, y me dice que lo hará tras analizar los diversos testimonios escritos que se conservan, acerca de lo que ocurrió ese infausto día.

 Y es que, sigue, la confusión histórica sobre el suceso, aún se mantiene, derivada de las discrepancias entre escritores españoles y franceses e, incluso, de versiones contradictorias ente los propios españoles o franceses que escribieron del mismo. Sin embargo, los documentos franceses oficiales (Roize y Liger Belair), primeros generales que conocieron del hecho, son los más coincidentes con los del Manuscrito de la Merced, escrito por testigos locales de los hechos, y coinciden, con lo comentado por los soldados franceses enfermos que sobrevivieron al asalto, siendo, por tanto, estos relatos, los que tienen más credibilidad y fiabilidad, tal como quedó escrito en la anterior crónica, comenta D. Cosme...Y, continua, diciéndome, … por eso he puesto el encabezamiento "el día después", y no solo por darle un título periodístico, que se que eso le gusta mucho… lo hago, porque fue en la mañana del día 7 de junio de 1808, que llegó a Manzanares el primer grupo de franceses tras el asalto al hospital de sangre...

Era un pequeño contingente, de unos 70 soldados, al mando del general Claude Roize… Desconociendo el escaso número de soldados de Roize, y conmocionado como estaba el pueblo tras lo ocurrido, con las victimas aún por enterrar, y entre el paisanaje gran temor al castigo frances, nuestras autoridades salieron al encuentro de Roize a la entrada de la villa.-- Allí, algo más tranquilos por el pequeño tamaño de la tropa de Roize, le dieron todo tipo de explicaciones del terrible suceso, Se comentó a Roize que, cuando Sotomayor supo que la multitud abordaba el hospital de sangre en lugar de partir a Valdepeñas, que fue lo que se pidió en la Plaza Pública, intervino rápidamente, enviando al lugar de los hechos a su propia “tropa clerical”, que se encargó de abortar sobre el terreno el ataque. Fuese por la escasa dotación humana con la que contaba, o por la capacidad argumental de Sotomayor, lo cierto es que Roize hizo promesa expresa de evitar represalias, si la gente de la villa no mostraba agresividad hacia su soldadesca... Roize, aparte su plática con Sotomayor y Miret, pudo hablar con los supervivientes del hospital, quienes, al contar el suceso, ratificaron a Sotomayor, asegurando que la intervención de los sacerdotes fue determinante, pues sin ella todos hubieran muerto… En el informe que envió Roize al general Beliart, se contiene todo eso, y se hace un balance, que cifra en una docena los soldados franceses muertos, por lo que, en esencia -dice D. Cosme- el primer informe oficial de un general francés, es coincidente con el de nuestro clero en el manuscrito de la Merced… 
Batalla de Valdepeñas.


Pero es que, en la tarde de ese 7 de Julio, sigue D. Cosme, llega de vuelta a Manzanares, desde Valdepeñas, Liger Belair, al mando de las tropas que allí habían librado una durísima batalla. Llegaron unos 800 hombres maltrechos y exhaustos, que incluían soldados presos, incorporados tras el armisticio pactado en Valdepeñas... Y, continua D. Cosme, al verlos llegar, Roize, suspiró aliviado, pues no las tenía todas consigo sobre la actitud que pudieran tomar los manzagatos contra su escaso contingente… pero, ahora, si se podría responder si fuera necesario. En todo caso, Roize, cuando tuvo enfrente a Liger Belair, le comentó el gravísimo suceso del hospital, la intervención determinante de varios curas locales y, también, que la animosidad de los aldeanos hacia lo francés, se notaba en el ambiente Liger daría por bueno el informe de Roize, tras hablar con los soldados supervivientes y hacer inventario de lo que observó personalmente. Pero, sigue D. Cosme, lamentablemente no hay constancia escrita de los nombres, ni del número exacto de soldados muertos, en el informe de Roize... y como los franceses no permitían que se registrarán datos de sus difuntos en nuestros registros, la historia no nos legó un escrito oficial de la magnitud exacta de la tragedia, lo que dio pábulo a todo tipo de versiones sobre el suceso… Por ej, es muy conocida la reflejada en las memorias del político y escritor español, Antonio Alcalá Galiano, quien en diciembre de 1808, meses después del drama, pernoctó con parte de su familia en una fonda de Manzanares, donde un mozo de la villa le dijo:::”Aquí tienen ustedes al hombre que ha muerto más franceses en La Mancha”,… presumiendo de haber sido protagonista en el hospital, donde dijo haber degollado a varios soldados. O la versión que dio el capitán francés Francois, quien escribió tiempo después del suceso, esto: “Los habitantes de la ciudad, reunidos a los de los pueblos vecinos llegaron al hospital, en donde se encontraban los enfermos, a los que degollaron y cortaron en pedazos; un español de esa ciudad me dijo que un oficial que allí se encontraba había sido conducido a la plaza Mayor, allí fue torturado, cortado en pedazos y arrojado a los cerdos; que los soldados menos enfermos habían sido lapidados, cortados en trozos y esparcidos por los caminos”,

Guerra de la Independencia, Diario Lanza.
…O el relato de del teniente de Liger Belair, Maurice de Tascher,:…Nos hemos replegado hacia Manzanares. Allí, los furiosos de dos ciudades vecinas, junto a algunos canallas de los alrededores, se han precipitado sobre el hospital y han degollado o mutilado a todos los enfermos, y se han apoderado de 200 fusiles franceses. El oficial de infantería que mandaba el hospital ha sido descuartizado y echado a una caldera..” El furriel Louis Philipe Gille, escribió en sus memorias, bastante después del suceso, que las autoridades locales salieron al encuentro de la tropa francesa, afirmando que los paisanos de la villa no habían participado en el crimen, atribuyéndolo a campesinos forasteros y a los monjes que los guiaban. Luego comenta: Las puertas, rotas a hachazos, no habían sido todavía reparadas; las camas, los muros estaban aun manchados de sangre de nuestros desgraciados camaradas. Bajé a los patios y al huerto: allí me sobrecogió el espectáculo más espantoso que jamás había visto. Unos cincuenta cadáveres, que todavía no se habían podido enterrar, nos permitieron juzgar la barbarie de estos cobardes asesinos. Unos habían muerto a golpes, otros tenían la cabeza partida a hachazos y varios de ellos, con refinada crueldad, habían sido arrojados vivos en calderas de aceite hirviendo…

Estás, y otras citas similares, muestran un episodio mucho más sangriento, pero son menos creíbles que las que dan los generales franceses y los curas del Manuscrito de la Merced, porque escribieron de un hecho vivido en directo, o antes que hubiesen pasado 24 horas. La coincidencia básica de estas versiones, y su corroboración por los supervivientes, las configura como más sólidas y verosímiles de lo ocurrido… y aunque es el relato menos sangriento, no deja de ser un terrible contrapunto negativo en la brillante historia de las gentes de Manzanares, apostilla D. Cosme... En relación a todo esto, continua, se sabe que Ligier Belair, al día siguiente del enviado por Roize, 8 de Junio, emitió en Manzanares dos partes más extensos y completos de los hechos, que no quedaron registrados en ninguno de los archivos de guerra franceses, quizá porque a la salida de nuestra villa, los mensajeros que llevaban a Madrid esos partes, fuesen interceptados por el grupo de paisanos rebeldes que pululaban por los aledaños con esas intenciones… 

Es casi seguro, que en esos informes, estuviera la relación de muertos y, quizá, más detalles del terrible suceso, y también es probable que, ambos, no diferirían mucho del informe de Roize; ya que Liger, dio por valido el de Roize, un día antes de enviar los suyos… y porque, ambos generales, llegan a Manzanares solo un día después de los hechos, con el escenario de la masacre ante sus ojos, los muertos sin enterrar, y supervivientes para recrear lo sucedido. Es decir, sigue D. Cosme, se pudieron hacer una idea bastante aproximada de lo que ocurrió, un día antes, en el hospital de sangre. Tampoco hay nada escrito, sigue D. Cosme, de las primeras decisiones que tomaron los generales franceses ese día después, pero lo más probable es que mandasen enterrar a sus muertos inmediatamente, antes que el calor de junio los corrompiese, con lo que se evitaba el riesgo de infecciones y la desmoralización del resto de la tropa, que ya venía advertida de cómo se las gastaban los manchegos de Valdepeñas y, ahora, se haría cargo de cómo lo hacían los manzagatos, si se mantenía el terrible escenario y los muertos mutilados por el suelo del hospital... Seguramente, se evitó a la tropa ese escenario horrendo, pero eso también explica, sigue D. Cosme, que algunos, en el fragor espiritual que caracteriza una guerra, diera versiones propias, y exageradas, de un suceso que alguien le contó, pero que no contempló... Es de suponer, que Ligier Belair quedó bastante bien convencido de la escasa participación de manzanareños en el suceso, algo -dice D. Cosme-... donde se adivina la astucia argumental de Sotomayor, dándole la vuelta como a un calcetín, a la que hubiera sido lógica animadversión de los galos a nuestra gente. Sotomayor dejó caer al general francés, en sus comentarios, que los principales agresores eran desconocidos para el clero local, algo que, a estos, les llamó mucho la atención cuando entraron a poner paz.. y se permitió, además, destacarle la valentía de sus curas, con riesgo vital para si, al interponerse entre agresores y víctimas… 

Y ahora le comentaré -me dice D. Cosme- que aunque Sotomayor nunca se quiso dar protagonismo en el episodio, y no hay referencia alguna que lo avale, en mi opinión, resulta altamente probable que D. Pedro, fuese uno de esos curas que frenó en seco la matanza…Ciertamente, él era muy consciente de su condición de “pastor” de su pueblo, comenzando por su clero, y resultaría muy extraño que hubiera enviado a su suerte al hospital a varios curas, quedando él en retaguardia... Eso, continua D. Cosme, no iba ni con su estilo, ni con su forma de entender su labor, ni con su carácter valiente y emprendedor, que no se arredraba ante nada, y que le llevaba a tomar la iniciativa ante cualquier problema. Además, nadie como nuestro párroco, tenía en el clero local, la autoridad, firmeza y capacidad argumental necesaria, para hacer retroceder, con el gesto y la palabra, a una masa humana enfervorizada por la ira. Y parece también probable, y Sotomayor se encargó de acrecentarlo ante Liger Belair, que los lugareños más agresivos fuesen forasteros, de los que venían al laboreo diario a nuestra villa, al ser más difíciles de identificar que los vecinos propios de Manzanares, y estar algunos muy exaltados por lo que había ocurrido en sus villas…
Fuese real, o no, todo este relato de los hechos, le diré, para que usted termine la crónica,…. que, Sotomayor, como buen pastor que era, en todo caso, logró con sus argumentos proteger a su rebaño de manera tan convincente, que Liger Belair, desde ese crucial 7 de junio, se opuso siempre a que se produjera cualquier tipo de represalias contra nuestra villa, destacando, además, cada vez que tuvo ocasión, que la cordura y valentía de nuestros sacerdotes impidió una matanza mucho más grande, haciendo suyos los mismos argumentos de Sotomayor... 

A mí, dice D. Cosme, concluyendo de manera enfática su relato, por todo lo que le acabo de comentar, no me caben muchas dudas que nuestro insigne Frey Sotomayor, fue el capitán de aquel contingente de curas manzagatos;.que, a modo de redivivos monjes-soldados calatravos, con la palabra de Dios como arma, acabaron con la sangre del hospital de sangre...


miércoles, 11 de diciembre de 2019

236). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: SANGRE... EN EL HOSPITAL DE SANGRE...


Es momento ya de contar a sus lectores, querido reportero, el primer episodio trágico e histórico, vivido en Manzanares durante la Guerra de la Independencia…

Vimos en la anterior crónica, sigue D. Cosme, que, al alba del 6 de junio de 1808, los 600 soldados de caballería francesa del General Ligier Belair, habían partido de Manzanares hacia Valdepeñas, con el objeto de sofocar la rebelión que se estaba gestando en esa villa, quedando la nuestra casi libre de soldados galos y en plena exaltación. Las tropas de Liger-Belair llegaron enseguida a Valdepeñas, pero sus aldeanos, habían cortado los accesos a la villa y sus calles principales, impidiéndoles el paso. Los orgullosos galos decidieron entrar a saco, sin valorar de lo que serían capaces nuestros vecinos manchegos en su resistencia. Se generó una batalla desigual y sangrienta, que se mantuvo durante toda la jornada, ocasionando muchos muertos en ambos bandos… A eso de las once de la mañana de ese infausto día, comienza la participación de Manzanares en esta historia de la rebelión manchega contra los franceses….Un lugareño de Valdepeñas, a galope tendido, entró en nuestra villa por el Camino Real de Andalucía, alcanzando enseguida nuestra Plaza Pública, donde encontró una masa humana enfervorizada de segadores, muchos de ellos forasteros, pero contratados por nuestra encomienda, que habían decidido no ir al campo a laborar esa mañana, a la vista de lo que había pasado el día anterior en Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas, y Manzanares...

Estaban expectantes en nuestra Plaza Pública, a la espera de más noticias.. y, sobre todo, para saber que sucedía en ese momento en Valdepeñas... Cuando el desasosegado enviado valdepeñero alcanzó a explicarse, e informó al paisanaje encendido, que llenaba nuestra Plaza, de la vesanía sangrienta de los galos en Valdepeñas, la exaltación generalizada se disparó todavía más… Las campanas de la Iglesia tocaron a rebato, atrayendo a muchos más lugareños, concentrándose, al poco tiempo, en la Plaza pública unas 2000 personas, casi todas armadas con hoces, horcas, hachas, navajas y otras armas blancas, además de alguna que otra escopeta.. A instancias de los más ardorosos y beligerantes, (y con la más que posible anuencia de algunas de nuestras autoridades, aunque no lo expresasen públicamente), tras escuchar la muchedumbre al emisario de valdepeñas, con el ánimo sobrecogido ante lo que este había contado de la atrocidad que se estaba desarrollando en la vecina villa, gran parte de los presentes se mostraron dispuestos a marchar a Valdepeñas para ayudar a sus gentes, concluye, solemne, D. Cosme... Y todo lo que le cuento, sigue, un atribulado, D. Cosme, quedó plasmado, por el clero local, testigo de los hechos, en escritos de 1814 sobre la historia de este pueblo insigne de Manzanares de La Mancha, contenida en el “Manuscrito de la Merced”...
“…Salió, pues, el seis por la mañana la caballería francesa para Valdepeñas, y salida, y aún apenas sabida la resistencia de aquel pueblo, se puso en movimiento Manzanares. Todos los índivíduos sin distinción de clases concurrieron al toque de rebato a las once del mismo día, y armados cada uno con las desiguales armas que suministraba la casualidad, trataron de salir al socorro de Valdepeñas, sin temer las divisiones que ya marchaban desde la Corte con la misma dirección…”
A los gritos de "abajo
 el francés", la muchedumbre se dispuso, sin más dilaciones, a partir a Valdepeñas, pero alguno de esos lugareños anónimos, tuvo la idea de acercarse hasta el hospital de sangre que el general Dupont, al paso del grueso de su ejército por Manzanares, díez días antes, mandó habilitar en el convento de los carmelitas descalzos. La idea prendió enseguida, y el encendido paisanaje se llegó a las puertas del convento con el fin de apropiarse de los fusiles y armas de fuego del centenar de soldados que allí estaban ingresados, enfermos o heridos, y de los 20 o 30 guardias que lo custodiaban… ...la suerte de la tragedia estaba echada!!, sentencia un peripatético D. Cosme,…

Lo que sucedió a continuación, mi querido reportero -prosigue D, Cosme su también encendido relato-.. el nudo gordiano y el meollo del trágico episodio vivido en Manzanares al mediodía de esa jornada del 6 de Junio de 1808, está todavía, hoy día, algo más de un siglo después, sujeto a controversia en cuanto a sus magnitudes, pero, en cualquier caso, la esencia del suceso también fue transcrita por nuestro clero local, testigo de los hechos en el Manuscrito de la Merced, en los párrafos que le entresaco:
“…en el primer impulso y tratando de armarse con más ventaja, van todos al hospital militar, y no creyendo pudiese la guardia tener la osadía de resistirlos, se presentan desarmados, se intima entreguen sus fusiles y los de los enfermos; pero imprudente la guardia dispara sobre el paisanaje; y algunos enfermos desde las ventanas tratan de ofender y sostenerse: entonces faltó la tolerancia, y rompiendo por todo estorbo, sin temor de balas ni bayonetas, unos paisanos desarmados y ofendidos atropellan cuanto encuentran, y se verificó una escena de sangre muy difícil de explicar, muriendo en la confusión algunos infelices que por la enfermedad estaban incapaces de pelear y de huir.. No fué posible al pronto evitar estas desgracias; pero al segundo momento, dando lugar la ira a la compasión, fueron puestos en seguro los demás y asistidos y curados con humanidad”.
Nuestros curas, en este relato, continua D. Cosme, ciertamente “barren para casa”, dulcificando la atrocidad de lo vivido en el hospital, y aunque dejan entreveer lo horripilante del escenario, también dejan preguntas en el aire”….. En primer lugar, el aguerrido paisanaje no era un regimiento bien pertrechado, pero si llevaba armas, incluso alguna escopeta…y, al verlos llegar los guardias del retén de soldados franceses que custodiaban el hospital, más que osados o imprudentes, como los curas comentan, resulta lógico que cerrasen las puertas del mismo y utilizaran sus armas desde las ventanas para intimidar a la gente, pero es casi seguro que dispararon al aire, pues no hay constancia alguna de civiles muertos en los registros parroquiales de defunción el día del asalto, ni en fechas inmediatamente posteriores; y tampoco hay mención en el Manuscrito de la Merced a heridos entre los atacantes. 

Imagen de Valdepeñas.

Lo más probable, -comenta D: Cosme- es que el pequeño número de soldados del retén, no más de 30, ante la vorágine humana que rodeaba el hospital, y golpeaba sus puertas, se sintieran atemorizados, y debieron pensar que si entregaban, sin resistencia, la fusilería a los exaltados lugareños, estos se calmarían y, con su objetivo cumplido, marcharían rápidamente a Valdepeñas sin causarles daño… Con esa idea, seguramente les abrieron paso y, enseguida, se dieron cuenta de su error, ante lo que les vino encima.. Los segadores más enfurecidos, los primeros en entrar, no se preocuparon solo en buscar y requisar el armamento, pues se abalanzaron sobre los guardias, y “escondidos” en el anonimato de la masa, atacaron con saña, y de manera impía, brutal y despiadada, a los enfermos que estaban allí ingresados, matando e hiriendo a bastantes de ellos…Pero, según los informes más fiables del suceso, parece ser que un grupo de sacerdotes de la villa, muy probablemente enviados allí por Sotomayor, y entre ellos quizá alguno de los que escribieron sobre este suceso en el Manuscrito de la Merced, entraron a gritos en el hospital, pidiendo el cese inmediato del ataque, y afeando a los lugareños su conducta asesina inhumana y anticristiana con los soldados franceses ingresados, …enemigos, si, pero enfermos e indefensos. 

Esa estrategia intervencionista del clero manzagato, seguramente la primera de las ideas y actuaciones decisivas para Manzanares del párroco Sotomayor en aquella terrible guerra, según lo que hemos sabido después, resultó muy eficaz y determinante, pues logró parar esa orgía de sangre en sus primeros momentos, a pesar de la ira y la rabia desatada de aquellas gentes…la actitud contundente, beligerante y admonitoria del curato de Manzanares, resultó capaz de morigerar el ánimo de los atacantes, que se retiraron, a los pocos minutos, con las armas francesas requisadas, dejando tras de sí una docena de muertes de entre los soldados franceses enfermos o heridos, pero sin hacer más daño al resto, mucho mayor, de la humanidad yacente de ese hospital de sangre, concluye con tono serio y solemne D. Cosme, esta parte crucial de su diserto.
Y esta que, aquí, le he contado, querido reportero, parece ser la crónica más aproximada y fidedigna del trágico episodio del hospital de sangre francés de Manzanares, aquel día terrible del 6 de Junio de 1808.. No fue, ciertamente, un día para presumir de día, en la grandiosa historia de días que tiene la villa de Manzanares de la Mancha, pues la ira y la rabia contenida de nuestra gente, agredida y humillada por el invasor francés, provocó sangre en el hospital de sangre, -dice con sentido patetismo D. Cosme- .En aquellos momentos iniciales del trágico episodio, prosigue, el odio superó a la bonhomía y buen sentido que siempre acompañó a nuestro hidalgo carácter, hasta que, por fortuna, parte del clero local, dirigido hasta allí por la impagable figura humana de D. Pedro Alvarez de Sotomayor, al que Manzanares deberá siempre un pedestal, consiguió atemperar la situación, devolviendo a aquellas exaltadas gentes parte de lo mejor de su espíritu, terminando, así, bruscamente, la tragedia criminal que nunca debió existir, pero que, por desgracia, puede aparecer, y aparece, en situaciones límite del ser humano…Solo cabe decir, concluye D. Cosme, que Dios y la historia perdonen ese baldón ignominioso, esa flaqueza de nuestro devenir histórico, considerando que se dio en un contexto de necesaria defensa de lo propio y de nuestros valores identitarios más profundos, no pudiendo empañar en modo alguno toda la mayoría de buenas acciones y extraordinarios episodios que adornan nuestra historia como pueblo…
Y ya es momento que usted, querido amigo, concluya esta dramática crónica, dejando para la que sigue el análisis pormenorizado de todo lo que se escribió y comentó de ella, para que sus lectores tengan totalizado todo lo que hay informado y escrito del episodio, y puedan estimar si les parece correcta y verosímil la versión aquí ofrecida, que ha intentado, a la luz de la lógica de los hechos, de las informaciones que se tienen del episodio, y de su contexto inmediato, aproximarse a la verdad del mismo,.. de uno de los más trágicos sucesos que ha vivido en su, por lo demás, magnífica historia, la villa de Manzanares de La Mancha..


martes, 10 de diciembre de 2019

235). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: VIDA Y SENTIMIENTOS;… PREVIOS A LA TRAGEDIA.


En la crónica anterior -inicia así D. Cosme, ésta- le hablé del comienzo de la rebelión manchega contra los franceses, en los días 5 y 6 de Junio de 1808, con los sucesivos y gravísimos altercados, que provocaron numerosas víctimas de paisanos y de la milicia francesa, en las villas de Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas y Manzanares. 


El altercado que se vivió en Manzanares el día 6 de Junio fue, en su inicio, el último de los tres citados, aunque, como ya hemos visto, fue consecuencia de los dos anteriores. Pero, antes de entrar a considerar ese episodio trágico del asalto al hospital de campaña que el General Dupont dejó habilitado en el Convento de los Carmelitas Descalzos, al salir de Manzanares, dirección Andalucía, el 28 de Mayo de 1808, me parece oportuno relatarle –sigue D. Cosme-algunos aspectos de la vida en nuestra villa, en los días que mediaron entre esa salida de Manzanares de las últimas unidades de Dupont y el asalto al hospital, porque ilustrará a sus lectores sobre algunas cosas de las que pasaban en Manzanares… y, explicarán, en gran medida, otras que pasarían después, incluido el citado asalto...

 Nuestro alcalde mayor, Miret, y nuestro párroco Sotomayor –continua D. Cosme- como también ya sabemos, estaban bien informados, antes de la llegada del ejército francés a Manzanares, de lo que estaba sucediendo en España. El alcalde Miret, mantenia contactos habituales y continuos con las autoridades residuales de la moribunda corona borbónica, que, en aquel final de Mayo de 1808, en muchos sitios estaban a merced o colaborando con los franceses... y, en otros casos, estaban en rebeldía contra ellos, por lo que las informaciones que le llegaban debía recibirlas con cautela... en esos momentos, nadie se fiaba de nadie, porque era difícil saber qué era lo que apoyaba cada cual... incluso, en Manzanares, a una persona tan patriota y españolista como Miret, la gente más radical contra los franceses le veía con ciertas dudas, por la estrategia apaciguadora que había decidido, junto a Sotomayor, para el recibimiento al ejercito francés el día 26 de mayo. 

Pero, por lo que hemos sabido después de aquel tiempo en Manzanares, sigue D. Cosme, y aunque no hay ninguna certificación escrita que pueda avalar lo que le cuento, por el secretismo lógico en que se llevaron a cabo estas actuaciones, muchos de los hechos que sucedieron en el pueblo, y en su entorno, contra los franceses llevaban el sello de Miret, y contribuirían, meses más tardes, al reconocimiento de Manzanares como "fidelísima villa". Evidentemente, las informaciones de lo que ocurría en España, en esa semana de rebeliones generalizadas, no estaban al alcance inmediato del común de los lugareños, solo la conocían, de primera mano, las autoridades locales.. y, más concretamente, el alcalde Miret, que fue, en buena lógica, quien se encargó de ir dando a conocer a la gente del pueblo que consideró de mayor confianza, empezando por Sotomayor y la Junta local de Gobierno, todo lo que iba ocurriendo, con el ánimo intencionado de ir organizando la resistencia local a los invasores... que, inevitablemente, se hacia necesaria para cualquier patriota bien informado de lo que estaba pasando. 


Así las cosas, de una manera subrepticia e inadvertida para el ejército galo, en Manzanares se fue conformando un grupo de valientes paisanos, que infundidos de un sentimiento patriótico creciente, con la muy probable instigación y ayuda de nuestro alcalde mayor Miret, y poniendo en grave riesgo sus vidas, los últimos días de Mayo de 1808, cuando recalaron en Manzanares las tropas del llamado "contingente suizo" del ejército de Dupont, que estaba formado, en una gran parte, por soldados españoles, se acercaron a hablar con ellos, aparentemente sobre las circunstancias de su expedición a Cadiz... El resto del ejército francés, no se extrañó demasiado por algo así, que había ocurrido ya en otros pueblos y que, además, cumplía en cada villa uno de los objetivos galos, seguir mostrándose como fuerza aliada, y conseguir la cercanía del pueblo, cuando contemplaba tropa española integrada en su contingente militar con un objetivo común... Lo que los franceses desconocían, sigue D. Cosme, es que esos paisanos nuestros, lo que hicieron,... fue poner en conocimiento de los soldados españoles que, en Murcia y en el levante español, desde seis días antes, existían focos de rebelión antifrancesa, lo que animó a 16 de ellos a desertar, para ir a incorporarse a esas tropas rebeldes, vía Alhambra, atravesando zonas no ocupadas por los galos, tal como les indicaron nuestros paisanos. Esos patriotas manzagatos, así organizados, serian, también, probablemente, los responsables de muchas de las intercepciones que sufrieron los correos y postas intercambiados entre Murat (en Madrid), y Dupont (en Andalucia), pues muchas de esas postas y correos, "desaparecíeron" en las inmediaciones de Manzanares, algo que también reconocieron las autoridades españolas de Andalucía, como un mérito más de Manzanares, que contribuyó de manera decisiva al fracaso final de Dupónt en Bailen, en Julio de 1808, a la hora de reconocernos como "fidelísima villa"... 

Por otro lado, sigue D. Cosme, el expolio completo del Pósito de Manzanares y la confiscación de vinos y productos de la tierra a muchos vecinos, llevado a cabo por la soldadesca gala en nuestra villa, desbordó las ya crispadas emociones de las buenas gentes de Manzanares, embridadas prudentemente por Miret y Sotomayor a la llegada y paso del ejercito de Dupont;... La ira y el resentimiento a los franceses se generalizó y, en los días posteriores, el entorno de la Plaza del Castillo y sus aledaños, incluido el hospital de campaña francés que se habilitó por Dupónt en el Convento de los Carmelitas, donde estaban ingresados los franceses de ese destacamento, que habían llegado a Manzanares enfermos o heridos; aproximadamente 80 soldados, acompañados de unos 30 soldados de reten para custodiarlos, era observado por el vecindario como un guetto indeseado, con una mezcla de recelo, desdén y odio, justificada por lo que habían hecho sus compatriotas, pero totalmente contraria a la bonhomía de estirpe que siempre caracterizó a nuestra gente... 

Día a día -continua D. Cosme- tras el paso de las tropas, la rabia de los vecinos por el expolio sufrido, y la prepotencia humillante de los franceses hacia ellos, fue incrementando la animadversión y la protesta, con cuchicheos malsonantes o insultos, a cualquiera de los soldados franceses que se adentrase hacia el pueblo, desde la Plaza del castillo. En esas estaba Manzanares, y sus gentes, cuando se supo de la llegada de una compañía de caballería francesa, con 600 hombres, al mando del general Liger Belair, que se dirigía a ayudar a Dupónt en las batallas de Andalucía, donde, este último general, pasaba por graves dificultades. A pesar de la magnitud de este contingente militar, cuando entraron en Manzanares, el día 5 de Junio de 1808, la ira de la gente de la villa, ya incontenible, se hizo evidente a la llegada de estas tropas, que fueron hostigadas con insultos e improperios a su paso por la Plaza, y desde los balcones de las casas... Afortunadamente, no hubo altercados físicos de trascendencia, pero las citadas tropas estuvieron patrullando el pueblo a caballo, toda la tarde y la noche de ese día 5 de junio de 1808, proclamando un toque de queda, por el que se instaba a todos los vecinos a que cesasen sus protestas y permanecieran en sus casas. Este ambiente que le describo, querido plumilla, sigue D. Cosme, sabemos que fue más o menos así, porque quedó plasmado y descrito por nuestro clero local en el Manuscrito de la Merced de la siguiente manera, en este texto entresacado del mismo: "...la fermentación se aumentó en los días adelante, de tal forma, que el cinco de junio se vió precisado el General Liger-Belair, que llegó a esta villa con seiscientos caballos, a patrullar el día y la noche, no creyéndose seguros y notando el descontento del vecindario. Se sabía de la resistencia de Andalucía, y sin embargo de haber quedado guarnición francesa, un hospital militar en el Convento de Carmelitas Descalzos, y cruzar continuamente por Manzanares tropas enemigas, se esparcieron papeles de Valencia y Murcia pertenecientes al levantamiento general de la Nación, y a pesar de la diferencia de circunstancias y de situación, los unos libres, y esta villa oprimida por tantas fuerzas, no querían ser menos atrevidos y resueltos sus vecinos. En la noche del cinco al seis hubo algunos que pasaron acometer a la caballería de Liger-Belair, y conmover toda la provincia; pero dando lugar a la reflexión, dejaron para otro día sus pensamientos...."..... Las cosas pintaban tan mal en Manzanares para las tropas de Liger Belair, continua D. Cosme, que casi resultó un alivio para ellos ver llegar a la villa, campo a través, al pequeño número de soldados galos que habían escapado del motín de Santa Cruz de Mudela,.. a los que, como sabemos del anterior relato, les había sido impedida su entrada a Valdepeñas, pues eso motivó la orden que les dío el mando, en la madrugada del día 6 de junio, de partir hacia Valdepeñas, para sofocar la rebelión de esa villa y la de Santa Cruz de Mudela....

General Liger Belair.
Manzanares vio salir, entonces, a toda la compañía de Liger Belair, y lo que habría de suceder en las horas siguientes, sigue D. Cosme, consecuencia de los sangrientos enfrentamientos que esa tropa tuvo con los valdepeñeros, desencadenó enseguida los acontecimientos posteriores en nuestra villa, la misma mañana del día 6 de Junio, produciéndose uno de los más trágicos sucesos vividos por Manzanares en la guerra de la independencia, el asalto de la muchedumbre exaltada al hospital militar francés... Pero eso, ese episodio, tiene suficiente enjundia para ser tratado en otra crónica, por lo que le sugiero, querido reportero, concluya aquí está, que fue de bastante para contar la exaltación creciente de la villa de Manzanares, en esos días de ira, que explicarían muy bien lo que ocurrió ese trágico 6 de Junio de 1808, en la patriótica villa de Manzanares de la Mancha.