Como quedó apuntado en el anterior relato, querido cronista –me dice D. Cosme- a partir de la retirada de las tropas del General Sebastiani,.. en Manzanares, y en toda la Mancha, durante lo que quedaba de verano y el otoño de 1809, se vivió una situación de continua zozobra, ora liberados por tropas españolas, ora oprimidos de nuevo por tropas galas.
En este relato, sigue D. Cosme, le contaré a usted y a sus lectores, el primero de estos episodios transitorios, donde, en un Manzanares liberado, el general Venegas pronunció, desde nuestro castillo que, en esas dos semanas finales de junio de 1809, fue su cuartel general, una célebre proclama alentando a la gente manchega.. La he llamado, continua D. Cosme, tal como reza el encabezamiento de la crónica, por sus muchas similitudes (salvando distancias y situaciones) a la proclama dada, casi medio siglo después (también en nuestra villa) por el General O`Donnell, posiblemente, ésta última, el acto político más relevante en que Manzanares sería protagonista en España…que fue conocido para la posteridad como el “Manifiesto de Manzanares”…pero eso, sigue D. Cosme, no es objeto del momento aquí relatado y, por tanto, ya me retrotraigo a la guerra de la independencia; donde, como vimos en la crónica previa, el día 13 de junio de 1809, Manzanares se había quitado de encima el yugo francés, , cuando abandonaron nuestra villa los últimos efectivos de la tristemente célebre división polaca.. Tras la retirada francesa, Venegas bajó con precaución al llano manchego, donde el panorama que encontraba al ir ocupando pueblos de La Mancha sureña, como Santa Cruz, Almuradiel, Valdepeñas y Manzanares era, en palabras sentidas y muy contundentes, escritas por el propio general Venegas en sus diarios de la guerra, el siguiente:
“Los pueblos desiertos, las casas
yermas y arruinadas, la suciedad y el hedor intolerable de ellas, presentan al
que la mira más bien una idea de habitación de fieras que de hombres. El peso
de las desgracias, el hambre, y la intemperie han acabado en el monte con un
sinnúmero de familias; y estos fieles vasallos, abandonados tanto tiempo a la
rapiña, y a las violencias”
En el Manzanares liberado, como en otras ocasiones
precedentes, continua D. Cosme, la vida social y administratriva recuperó
pronto cierta normalidad… y, en ese periodo, hay un episodio donde se
“adivina”, una vez más en esta guerra, la sutil estrategia del Pastor D. Pedro
Alvarez de Sotomayor…quien, seguramente, habló con Venegas de la virtualidad de
nombrar un alcalde mayor civil interino en Manzanares, repitiendo lo sucedido
meses antes…para, así, poderse dedicar él, desde la sombra de su actividad
eclesial y viajera por Calatrava, con mucha más libertad de acción a las
gestiones que iban a ser necesarias en el objetivo primario de proteger al
máximo a la gente manzagata, algo siempre en primera línea de las medidas y
actuaciones de Frey D. Pedro, al tiempo que evitaba ser señalado ante los
franceses, por alguno de los muchos confidentes que había por entonces, como un
alcalde muy beligerante hacia los intereses españoles, cuando en los membretes
de nuestros edictos, reapareciese, como así ocurrió, aquello de “Fidelísima
villa”, o lo de “Por la Gracia de Dios y de Fernando VII”… Sotomayor era
patriota, desde luego que sí…. pero en aquel atribulado tiempo, nunca le gustó
presumir demasiado de ello, prefería llevarse bien con cualquier dirigencia que
tuviera el pueblo, aduciendo ante cualquiera de ellas, que la Junta Local de
Gobierno de la villa de Manzanares, siempre cumplía escrupulosamente con la
principal razón de ser de dichas juntas, velar por el interés e indemnidad de
los vecinos de la villa. Lo cierto fue que, en efecto, se nombró, por su
Majestad Fernando VII, al abogado D. Pedro Roncero, alcalde mayor interino de
Manzanares, en un protocolo del escribano Juan Antonio de Ressa, a fecha 23 de
junio de
Así las cosas en la vida local, continua su relato D.
Cosme, y ya más asentadas en Manzanares las tropas españolas de Venegas,…éste,
decidió establecer su cuartel general en nuestro castillo…y, es casi seguro
que, allí, como hizo con su predecesor francés, general Sebastianí, Frey
Sotomayor se ganó enseguida la total confianza del máximo dirigente del
ejército español manchego, algo que quedaría de manifiesto en las loas y
agradecimientos que, desde aquellos días, hizo siempre Venegas de
Manzanares....Y la primera vez que mostró Venegas su deferencia personal hacia
Manzanares, fue el 21 de junio de 1809, cuando eligió la Torre del Homenaje de
nuestro castillo, para leer solemnemente ante la gente de la villa una proclama
suya, aprobada con anterioridad por la Junta Central Suprema del Reino, cuyo
texto se había mandado imprimir en Córdoba, y que, por medio de las guerrillas,
se distribuyó en hojas de propaganda por las poblaciones de los partidos de
Villanueva de los Infantes, Almagro y Alcázar de San Juan… La proclama llevaba
el título de “VALEROSOS Y LEALES MANCHEGOS”, y yo, sigue D. Cosme, he dado en
titularla “Primer Manifiesto de Manzanares”.
Me parece procedente, mi querido plumilla, para
terminar la crónica sobre esta etapa de un Manzanares liberado de carga
francesa, que transcriba usted, a su final, el texto literal y completo que,
con emoción y vehemencia, leyó Venegas desde la Torre del Homenaje del Castillo
de la insigne villa de Manzanares de la Mancha, al paisanaje exultante,
alborozado y patriota de nuestra villa…Fue, sin duda, un día feliz y de
esperanza…aunque estoy por suponer, sin equivocarme mucho, concluye D. Cosme,
que, aun gustándole, que seguro le gustó…quien menos disfrutó con ella fue Frey
Sotomayor, ya que, en su línea de pensamiento, lo de llamar la atención como
pueblo no entraba en su metodología….pero bueno, por una vez, bien estaba,
debió pensar antes de irse a la cama aquel día.. Asi que, sin más dilación, mi
estimado reportero, aquí le dejo para rubricar su crónica de hoy, el texto
literal de la citada proclama:: VALEROSOS Y LEALES MANCHEGOS:
"Los males que habéis estado
sufriendo, desde que por una desgracia inevitable invadieron vuestra provincia
los pérfidos franceses, pesaban demasiado sobre mi corazón, y no he perdido un
momento para organizar y aumentar el exercito de mi mando que viene a
libertaros para entrar en la Mancha y aniquilarlos, ellos han huido, noticiosos
sin duda de mi movimiento, comunicado por algunos de aquellos pérfidos
Españoles, indignos de este respetable nombre, que prefiriendo el víl interes a
las glorias de la patria, sirven ciegamente al tirano que intenta
esclavizarnos. La sola presencia de mis valerosas tropas les ha infundido el
terror, y las divisiones que me preceden han tenido ya con ellos algunos
encuentros, que nos han sido del todo favorables. Todo anuncia que los enemigos
van a ser enteramente destruidos; y para conseguirlo más pronto y con menos
pérdida, es indispensable que todos os arméis, los persigáis, y nos ayudéis a
exterminarlos. Yo se muy bien que me dirijo a unos Pueblos llenos de
patriotismo, de lealtad y de valor, a quien basta insinuar mis ordenes, para
que inmediatamente sean cumplidas. Nuestra Santa Religión, vilmente ultrajada,
el injusto cautiverio en que se halla nuestro legítimo y Católico Monarca el
Sr. D. Fernando VII y la independencia de nuestra Patria, que tanto nos
interesa conservar, para evitar el infame yugo que intenta ponernos el más
pérfido e inhumano de quantos tiranos han existido, reclaman imperiosamente
todos vuestros sacrificios para consumar en breve la grande gloria con que va a
presentarse nuestra Nación a la faz de toda la Europa. Ea valientes Manchegos:
tomad las armas, dirigíos a donde podáis vengar los infinitos ultrajes que
habéis recibido; y si todavía necesitáis de estímulos, fixad la vista en
vuestros templos profanados, en vuestros Pueblos destruidos, en vuestros bienes
aniquilados, y en los atropellamientos de toda clases que han sufrido vuestras
mugeres e hijos; y no dudo un momento que os sentiréis inmediatamente penetrados
de todo el valor que se necesita para vengar de un modo exemplar tantos
ultrages como habéis recibido. Nuestros Soldados esperan que vengáis a
hermanaros con ellos, los que estáis alistados para guerrear baxo las banderas
de la Patria; y como esta guerra debe tener tantos Soldados como Ciudadanos,
tambíen os esperan para ser vuestros hermanos de armas, a vosotros, que aunque
exceptuados del alistamiento por vuestro estado, o por otras circunstancias, no
podéis estarlo para defender la propiedad, la independencia, y todos los demas
objetos que el hombre de bien mira como sagrados A las armas pues. a las armas;
aniquilemos a esos detestables enemigos hasta que no quede de ellos otra cosa,
que el eterno odio que han merecido por sus inauditas maldades. Los que
cooperen a mis intenciones se verán inscriptos en los fastos de la Patria; pero
los que sordos a su voz observasen una vergonzosa indolencia, se verán y a sus
generaciones cubiertos del oprobio y de la execracion de sus
compatriotas". Quartel general de Manzanares 21 de Junio de 1809.
Francisco Venegas
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