¿Damos un paseito por Manzanares?

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Todo cuanto vas a encontrar en él, es una muestra de cariño y admiración a un padre, MELCHOR DÍAZ-PINÉS PINÉS, uno de esos tantos padres del mundo que creen en la familia y luchan por ella, que aman a su tierra, que la trabajan y reivindican con constancia. Es posible que los manzanareños más jóvenes pudieran encontrar en el blog algunos hechos, sucesos, curiosidades, costumbres que ya han desaparecido, que quizás hayan escuchado de sus antecesores o, simplemente, que no conocen y puedan resultarles de interés.

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HERMANADAS.

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M A N Z A N A R E S, en La Mancha.

domingo, 9 de junio de 2019

215). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: SOTOMAYOR….. RECREANDO SU CURATO.


He querido encabezar esta crónica, querido reportero –me dice D. Cosme- con el término “curato”, porque, en nuestros tiempos se usa poco, y muchos desconocen su auténtica significación… que, como vera usted enseguida, le va como “anillo al dedo” a todo de lo que quiero contarle en ella… 


Ese término, “curato”, usado mucho en aquella época de principios del XIX, aludía a la parroquia de una villa, en referencia al propio párroco y a su clero…y, ciertamente, como ya sabemos, Frey D. Pedro, tuvo que recrear su curato, tanto en lo que iban a ser sus propias funciones como Párroco, como las del clero que quedaba a su cargo. Y es que, Sotomayor, como también sabemos, describió, nada más llegar a Manzanares , esa situación de la siguiente, y preocupante, manera: “El pueblo de Manzanares, al menos de diez años a esta parte, en lo formal no ha tenido párroco, pues el antecesor, por sus achaques y avanzada edad, todo lo fiaba a los tenientes.., el exponente lo encontró todo en el mayor desorden; desde su ingreso en el curato ha procurado a costa del mayor trabajo poner en orden aquella feligresía como es notorio, aunque no completamente por ser obra de más tiempo” … 


En 1800, Frey Sotomayor, al comienzo de su ejercicio como Párroco, o cura rector de la villa de Manzanares, sustituía en el cargo al ya anciano D. Manuel de Oviedo, que había ejercido de párroco bastantes años del final del siglo anterior, A ese tiempo de la llegada de Sotomayor a la villa, D. Manuel, ciego y enfermo, había dejado muy desatendidas, y sin dirección, muchas cosas , lo que había motivado un desastroso estado de cosas en las labores parroquiales que, de una parte, no se llevaban a la práctica conforme a lo que era debido y, por otro lado, tanto el Concejo como la Encomienda, advirtiendo esa dejadez, incumplían sus obligaciones con la Parroquia e, incluso, se entrometían en lo que eran competencias claramente eclesiales. 

Ya supimos, en relatos previos, prosigue D. Cosme, como esa situación, provocó en nuestro recién estrenado párroco un estado de desasosiego y enfermedad, que estuvo a punto de abortar su labor de Pastor espiritual de Manzanares, durante el primer año en el ejercicio de su cargo, pero superados esos problemas, D. Pedro, entre las múltiples cosas que hizo en sus dos primeros años de rector, fue reordenar la actividad parroquial, según él la entendía…y con el sentido práctico e inteligente que le caracterizaba, aprovechó el pleito que mantuvo con el Comendador (que ya conocimos en el anterior relato) para llevar a efecto una gran parte de esa tarea organizadora. Al momento del nombramiento de Sotomayor como párroco, -sigue D. Cosme- y a pesar del numeroso clero existente en la villa, a la orden directa de la parroquia solo estaban, el propio D. Pedro, como párroco, y dos “tenientes” del párroco, o coadjutores, que a la sazón, respondían a los nombres de D: Manuel Ruiz Constantino y D: Antonio de Lara, quienes ejercían ya esas mismas funciones, bajo el anterior Prior, D. Manuel de Oviedo…. 


Además de los dos “tenientes”, tenían actividad plena en la Iglesia Parroquial, un “sacristán mayor” y un “maestro de coro”, ambos presbíteros.. Tal como encontró las cosas en la Parroquia, Sotomayor, usando su derecho potestativo, nombró a un tercer teniente, en la persona de D:Tomás Ruiz de Alarcón, argumentando que las labores parroquiales a desarrollar no podían solventarse con solo dos tenientes…El problema estribaba en que, si bien el nombramiento dependía del párroco, los estipendios de sus tenientes los sufragaba la encomienda; las famosas “congruas parroquiales”, de las que ya hablamos también en la crónica que antecedió a esta, comenta D. Cosme. 

Al igual que ocurrió con todas las cuestiones tratadas en aquel pleito, los representantes de Sotomayor lograron del Tribunal, no solo el incremento sustancial de las congruas para la parroquia y sus tenientes, (que en tiempo de D. Manuel de Oviedo, cobraban, cada uno de ellos, entre 600 y 800 reales)… sino que también ratificaron a ese tercer teniente nombrado por Sotomayor, viendo todos ellos incrementada su congrua particular al doble de la que recibían antes del pleito, quedando cifrada en unos 1500 reales para cada uno de los tres tenientes…y eso, a pesar que la encomienda defendió su posición negativa, tanto respecto al incremento de la congrua, como al del número de tenientes, con el sólido argumento que los dos tenientes que ya tenía la parroquia “eran presbíteros suficiente instruidos y acreditados en las materias morales y en el público , de una edad proporcionada s las tareas de la Iglesia, de agilidad y robustez, sin que se les haya advertido cualidades de enfermizos y achacosos”..,, y seguían comentando los abogados de la encomienda, que se conocía la existencia de más de cuarenta clérigos en la villa de Manzanares sin funciones definidas, algo que era muy cierto, pero de lo que Sotomayor se defendió durante el pleito, a través de sus representantes, con su habitual habilidad... Sotomayor, alegó que era de su exclusiva potestad el nombramiento de los tenientes, pero que no tenía inconveniente en explicar al Tribunal la necesidad de nombrar un tercer teniente para la parroquia, en base a la cantidad de tareas acumuladas en ella... 

Como, además, D. Pedro conocía perfectamente a todos y cada uno de los miembros del clero y del cabildo eclesiástico, (del que él formaba parte esencial desde mediados de 1799), argumentó con datos contundentes que muchos de ellos tenían ya labores cotidianas propias ajenas a las tareas parroquiales e, incluso, a las eclesiales, lo que les impedía tener una actividad regular en la parroquia.. algunos otros tenían ocupaciones en las ermitas de la villa, o bien en el convento de los carmelitas, o en el de las Monjas Franciscas de clausura.. Los representantes de Sotomayor, concluían que, de todo ese clero , solo 4 o 5 curas ancianos y achacosos, usaban los confesionarios de la Iglesia con cierta regularidad, no estando capacitados para otro tipo de actividad de las muchas que eran precisas en la parroquia. Con todo ese argumentario, el Tribunal del Consejo de Ordenes, como le comenté antes, sigue D Cosme, falló, una vez más, a favor de las tesis de Sotomayor, ratificando el nombramiento de D. Tomás Ruiz de Alarcón… 

Nuestro inteligentísimo Pastor, aprovechó también el pleito para delimitar claramente las competencias clericales de la Parroquia, con las que tenían adquiridas por costumbre o rutina, antes de su llegada a Manzanares, los monjes del convento carmelitano… A ojos de Sotomayor, muy celoso siempre del control y el orden de su parroquia, los monjes del Carmelo, aprovechando la decrepitud de su antecesor, D. Manuel de Oviedo, interferían demasiado en actividades que caían de lleno en la responsabilidad parroquial …y teniendo muy claro que el rumbo de la misma lo marcaba solo él, aprovechó los alegatos de los representantes de la encomienda en contra del nombramiento del tercer teniente (cuando decían que los monjes del Carmelo ayudaban y participaban en las actividades eclesiales de la parroquia, tanto en la Iglesia como fuera de ella) para dejar las cosas competenciales meridianamente claras. 

Los representantes de Sotomayor en el pleito adujeron lo siguiente; “que es muy distinta la disciplina de los conventos de la de las parroquias; cada una tiene sus funciones, que no es dado confundir, cada una tiene distintos objetos, que los que cuidan de la una no son a propósito para cuidar de la otra.. que el instituto monástico requiere recogimiento, cuando la parroquia exige actividad constante de trabajo y asistencia y conocimiento de mundo que facilita la oportuna aplicación de remedios a sus dolencias… no dejaría de ser peligroso comprometerlos en un ministerio de actividad capaz de disponerlos a la disipación del espíritu” …pues… ”son muy otras las relaciones contemplativas de los claustros que los de la vida activa de las parroquias…es muy difícil que los regulares salgan de lo que les corresponde sin correr riego de dar en distracciones frecuentes.. siendo buenos para los conventos no lo serán jamás en toda su extensión para vivir en las sociedades civiles…”… 


Fuera de lo que se dijo en este pleito, Sotomayor no gustaba de las prédicas de los carmelitas…cuando comentaba en su entono próximo que: ”predican los carmelitas y nada dicen…por la hinchazón de estilo de sus sermones”.. …Lo cierto fue, que los resultados del pleito, comprometieron aún más, al ya muy comprometido Sotomayor con Manzanares…D. Pedro, continua D. Cosme, ,se entregó en cuerpo y alma a su parroquia y a su fielato, desde el primer año de ese Siglo XIX,… pasando muchas horas en la Iglesia, ocupado en procurar todo tipo de culto a su feligresía; pero, también se le veía por el pueblo cada día, de casa en casa, a conocer de primera mano al vecindario y sus cuitas particulares, elaborando, personalmente, un censo parroquial completo en los primeros meses de su ejercicio en la villa... Era estricto y puntual en la planificación de los actos religiosos, como misas y oficios, estableciendo rutinas y horarios reconocibles, hasta entonces poco organizados en la parroquia...

En ese sentido, reorganizó todo lo que tenía que ver con los ritos y eventos propios de la cuaresma y la semana santa, por ej, cambió, de jueves a viernes santo, el día en que procesionaba la imagen de Nuestro Padre Jesús del Perdón, por la que Frey Sotomayor (al recordarle a su admirado Cristo de Lucena), sentía especial veneración… y aunque en las múltiples cosas nuevas que se hicieron requirió la colaboración estrecha de sus tenientes, él fue protagonista de la mayor parte de toda esa actividad; particularmente la que tenía que ver con la atención a los más menesterosos, pues para Sotomayor, como recordaba machaconamente en sus homilías, la caridad, más que una virtud, era un deber de cualquier buen cristiano.. Era proverbial la prontitud con que, personalmente, acudía a administrar la santa unción a los moribundos de la villa, tarea que solía reservar para sí, cuando era posible, antes que dejarla en manos de algún teniente. Esa actitud, le llevó a enfermar de gravedad en el verano de 1800, posiblemente tras el contagio por un enfermo de una infección, tras asistirlo durante sus últimas horas… Por suerte, para Manzanares, sigue D. Cosme, Sotomayor superó el problema…. De la misma manera, continua, se tomó como algo muy personal, la instrucción y educación de los más jóvenes, y de los niños, en la doctrina católica, organizando catequesis, hasta entonces inexistentes...

Y creo, querido amigo, y reportero de estas cosas de mi amado Manzanares, concluye D. Cosme, que ha ido ya de bastante la crónica que muestra bien a las claras. como Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor, recreó el curato de la nunca bien ponderada villa de Manzanares de la Mancha a su imagen y semejanza….


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