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Todo cuanto vas a encontrar en él, es una muestra de cariño y admiración a un padre, MELCHOR DÍAZ-PINÉS PINÉS, uno de esos tantos padres del mundo que creen en la familia y luchan por ella, que aman a su tierra, que la trabajan y reivindican con constancia. Es posible que los manzanareños más jóvenes pudieran encontrar en el blog algunos hechos, sucesos, curiosidades, costumbres que ya han desaparecido, que quizás hayan escuchado de sus antecesores ó, simplemente, que no conocen y puedan resultarles de interés.

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HERMANADAS.

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M A N Z A N A R E S, en La Mancha.

martes, 10 de septiembre de 2019

220). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: MÁS HABITOS Y COSTUMBRES, EMPEZANDO EL XIX.


El siglo decimonónico, mi querido cronista, como ya hemos advertido en relatos previos, fue un siglo cambiante en muchas cosas y hábitos de las gentes manzagatas. Cambios que se apreciaron, sobre todo, en la segunda mitad de esa centuria, con el desarrollo industrial y con un incipiente asentamiento de la ilustración, como elementos regidores del costumbrismo político y social: En los albores del siglo decimonónico, la divulgación y práctica de juegos y diversiones populares eran de gran enjundia para los promotores del movimiento ilustrado, en su idea de cambio hacia una sociedad alegre y, activa, volcada en lograr participación ciudadana en las múltiples actividades sociales. 

Manzanares siempre tuvo una tradición de gente alegre y festiva, con frecuentes eventos culturales y taurinos en su Plaza pública, desde hacía un siglo, impulsados por el último comendador calatravo, Conde de Aguilar y Señor de los Cameros. Es cierto, sigue D. Cosme, que España, por la influencia de la religión en los poderes políticos y en los hábitos sociales, tardaría mucho en incorporarse a ese movimiento de la ilustración, basado en el raciocinio, para el desarrollo de las ciencias, la política, la sociedad y las propias personas. 

De hecho, hoy, a primeros del siglo XX, aunque ya es notoria su influencia, los españoles tenemos un atraso secular con respecto a nuestros congéneres europeos. Por eso, lo que vamos a considerar en esta crónica, continúa D. Cosme, acerca del costumbrismo social en Manzanares a inicios del siglo XIX, antes de la Guerra de la Independencia, nos mostrará que la influencia de la ilustración era casi irrelevante, pues no hacía nada que se dejaba notar en los países europeos donde surgió el movimiento después de la Revolución Francesa….Pero, en nuestra villa, siempre algo adelantada a su tiempo en La Mancha, empezábamos a participar de algunas costumbres asociadas a lo que se produjo en toda Europa por ese movimiento de la Ilustración, que todavía eran inexistentes en otras aldeas cercanas. Y, quizá, sigue D, Cosme, lo primero que se comenzó a notar en las costumbres del paisanaje de Manzanares, a inicios del siglo XIX, sobre todo en la gente con posición social más desahogada, eran los atisbos de algo desconocido hasta entonces, lo que podiamos identificar como una tendencia asociativa entre personas

Plaza de Toros de Manzanares,




Es verdad, continua D. Cosme, que la mayoría del vecindario se dedicaba al campo, y que sus faenas y labores en huertas, eras, viñedos, olivares y campos de cultivo, les ocupaba casi todo su tiempo, sin margen para ninguna otra actividad,.. Pero, sigue D. Cosme, la gente aristocrática, la aparición de los primeros “nuevos ricos”, derivados de la incipiente industrialización de la villa; el cada día mayor número de profesionales liberales (médicos, boticarios, abogados, comerciantes) y un número muy significativo de funcionarios, escribanos, etc.. desarrollaban sus vidas y tareas en el pueblo y, por su tipo de trabajo, comenzaron a tener cada vez más espacios de tiempo libre… con ello, surgió y, “abrió paso”, el concepto de ocio o tiempo libre que, a su vez, motivó el inicio de costumbres locales para llenar esos espacios de tiempo, algo casi impensable e inexistente en las sociedades de siglos pasados… Las tertulias y reuniones vespertinas o nocturnas en los patios de las casas solariegas de Manzanares y otro tipo incipiente de tertulias, como las reuniones de “rebotica” entre farmacéuticos, médicos y alguna gente más de otras profesiones liberales, fueron en aquel tiempo primero del siglo decimonónico, heraldo de los futuros centros cívicos de ocio, que cristalizaron en muchos pueblos y ciudades, y también en Manzanares, ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX, en casinos, ateneos y foros de intercambio social y cultural, que irían dando lugar a diferentes formas de asociacionismo, pero eso, sigue D. Cosme, aún estaba por llegar…

Ermita de Altagracia.

Ya hemos visto también, en la anterior crónica, la influencia de los militares en tránsito sobre el Manzanares de primeros del siglo XIX. Sabemos por anteriores crónicas de los festejos de carnaval, en honor y sustento de las ánimas benditas del purgatorio, con el colorido, el bullicio, las fanfarrías y chanfletas de los distintos gremios del paisanaje manzagato, en la Plaza Pública de la villa y calles aledañas. La romería por la fiesta de San Marcos, desde la ermita de la Virgen de Gracia a la ya entonces ruinosa ermita de San Marcos, con sus carros y caballos ajaezados, y los romeros perfectamente ataviados, eran una parte muy colorista y propia de aquel costumbrismo local de primeros del XIX. También los juegos taurinos y las representaciones teatrales formaban parte de las diversiones y costumbre de los manzagatos, en la Plaza, en el curso de las ferias y fiestas anuales de Agosto.…

Aunque es cierto que, en aquella primera época del XIX, y por influencia de las corrientes ilustradas de Europa, comenzó la polémica que, desde entonces, acompaña a los festejos taurinos;… estos fueron muy cuestionados en la Corte del Reino por los personajes más ilustrados de la misma. De hecho, prosigue D. Cosme, Godoy prohibió las fiestas de toros en el Reino de España en el año 1805 y, quizá, si no hubiera llegado la Guerra de la Independencia, que supuso un paréntesis absoluto en la vida social de España, esos festejos taurinos hubieran dejado de existir en aquel primer inicio del XIX.-. Sin embargo, continua D. Cosme, en la postguerra inmediata, hubo una reacción general contra todo lo que provenía de Francia, incluidos muchos aspectos simbólicos que se asociaban al movimiento de la Ilustración, recuperando las nuevas autoridades españolas, hábitos y costumbres propias, como los festejos taurinos, que comenzaron de nuevo a tomar un gran auge en el Reino de España y en Manzanares…

Todo ello formaría parte de aquellos primeros años del XIX en Manzanares, e influiría en nuestro costumbrismo cotidiano en un sentido o en otro, termina D. Cosme. Pero, junto a todo eso, la juventud más pudiente del pueblo, también empezó a tener afición a determinados juegos, antes no conocidos o practicados por muy pocos, Los niños y jovencitos, empezaron a divertirse con diferentes juegos de “pelota”, los niños, o de “corros” en las niñas,… “el juego del escondite” “la bocha”, “el truco”, “las tabas”, “la rayuela”, “las canicas” “la peonza o trompo” y el muy popular entre los chicos, desde que llego al costumbrismo de nuestra villa, “juego del salto a la pídola”, que Goya plasmaría con gran brillantez… 

Como un hecho puramente local, los hombres mozos,… y no tan mozos,.. cuando tenían tiempo libre, se afanaban en el juego de los bolos o en el de tanganas, bien en las eras de los márgenes de la villa, o bien en alguna de sus plazuelas; especialmente en la de la Virgen de Gracia, al norte de la población, algo que resultó bastante polémico en el Manzanares de ese tiempo, pues mucha gente consideraba irrespetuoso hacer juegos cerca del humilladero y las tapias del cementerio. Por su parte, las chicas de familia bien, se reunían en alguna de las casas solariegas de sus padres, para jugar a las prendas, y a diferentes juegos de “corros”, loteria, chaquete o damas… Como curiosidad, sigue D. Cosme, la afición a la lectura se generalizó entonces en esas jovencitas de la aristocracia manzagata,.. eso sí,, cambiando los cuentos de hadas y las revistas de moda, por novelas de amor, a veces algo procaces para aquella época, que las chiquillas se intercambiaban a escondidas de sus padres...

'El Calicanto'.

 Para la juventud y la gente mayor, sigue D. Cosme, que en eso no había distingos, empezaron a ser cada vez más comunes y cotidianos, cuando llegaba el buen tiempo, los paseos a la tarde desde el Calicanto, caminando al lado de la madre nueva del Azuer, por el Paseo del Rio, hasta llegar a las alamedas cercanas al molino grande y a el de Don Blas… trayecto que, a primeros del XIX, no estaba cortado por las vías del ferrocarril, que aún no había llegado a nuestras vidas. Al llegar a la alameda, en la ribera del río, la gente hacía meriendas y no faltaban las tertulias y las largas tabas, al socaire de la frescura del agua de río próximo, y a la sombra del arbolado.

 Ciertamente, eran entornos idílicos, muy bonitos y apetecibles, que empezaron a ser, desde entonces, una parte cotidiana del hábito y costumbrismo local, algo que hoy se mantiene, un siglo después, consolidado entre las gentes del pueblo, que van y viene hasta allí, recorriendo de arriba abajo los paseos del rio y sus alamedas, en un ritual siempre algo diferente, según sea el tipo de paseante, jóvenes, ancianos, familias o grupos de amigos, pero que han dado color y vida propia a nuestra local historia intima, desde aquellos tiempos iniciales del Siglo XIX, hasta nuestros días…y que lo seguirán haciendo, con toda seguridad, sigue D. Cosme, lírico y vehemente, una vez que desde hace una año, en 1911, y como usted ya sabe, son pieza básica de las fiestas de Agosto, ya que su ferial, puestos y chiringuitos de berenjenas, zurra y otras chucherías, se disponen a lo largo de esos paseos tan nuestros, dando inicio con ello a otro entorno nuevo y a otro costumbrismo. Y D. Cosme me dice que ya fue de bastante, como el gusta para concluir estas crónicas, para hablar un poco de esos costumbrismo decimonónicos de comienzo en Manzanares,..
Y, para terminar, jocoso como es él, D. Cosme me deja la siguiente reflexión…quizá pronto, nuestra juventud busque otras diversiones que ahora comienzan a verse, como ese juego del balompíe, llegado de la pérfida Albion, en el que uno y otro equipo de jugadores contendientes. corren alocadamente detrás de una pelota de cuero, con insensato interés en patalearla e introducirla entre tres palos de madera, juego este que, de manera sorprendente, al menos para quien le habla, está tomando un gran auge en las capitales de España y de Europa…En fin, tiempos y costumbres, concluye D. Cosme..



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