¿Damos un paseito por Manzanares?

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Todo cuanto vas a encontrar en él, es una muestra de cariño y admiración a un padre, MELCHOR DÍAZ-PINÉS PINÉS, uno de esos tantos padres del mundo que creen en la familia y luchan por ella, que aman a su tierra, que la trabajan y reivindican con constancia. Es posible que los manzanareños más jóvenes pudieran encontrar en el blog algunos hechos, sucesos, curiosidades, costumbres que ya han desaparecido, que quizás hayan escuchado de sus antecesores o, simplemente, que no conocen y puedan resultarles de interés.

¡Nada más, amigo/a! Gracias por estar con nosotros, con su familia y su sempiterno recuerdo.

HERMANADAS.

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M A N Z A N A R E S, en La Mancha.

sábado, 20 de abril de 2019

209. RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: INICIANDO UN SIGLO XIX TRANSFORMADOR.

Para darnos idea de cómo el Siglo XIX transformó a Manzanares y a sus gentes, me dice D. Cosme para iniciar esta crónica, le haré una semblanza de la villa a primeros de ese siglo, para mejor entender su evolución a lo largo del citado siglo decimonónico… 

Manzanares, a fecha de 1800, continua D. Cosme, era una villa tranquila, que según un informe parroquial contaba con 2.071 vecinos y 5.671 habitantes adultos (“almas de comunión”) a los que había que añadir los conocidos como “párvulos”, con lo que la cifra total de habitantes era de, más o menos, unos 8.000. Dicha población, se componía sobre todo de labradores de terreno propio y jornaleros por cuenta ajena, que faenaban casi toda la semana, haciendo vida en cualquiera de las “Casas de Quintería” de los campos de nuestra encomienda, por lo que la mayoría de la población de la villa estaba habitualmente fuera de los contornos del poblado. También existían paisanos que trabajaban dentro del pueblo en oficios subsidiados a la agricultura y las tareas del campo y su producción; bodegueros, herreros, molineros... aunque ya en esta época, todavía previa a la industrialización de la segunda mitad del XIX, ya había cada vez más vecinos que también desarrollaban su actividad cotidiana dedicados al comercio, la artesanía, trabajos administrativos y profesiones liberales, como abogados,o médicos, así como una considerable cantidad de miembros del clero y el cabildo eclesiástico. 

De todo ese paisanaje, conoceremos bastantes cosas genéricas, y alguna más específicas, referidas a personajes concretos, que merezcan dar su nombre en algún relato próximo. Considerando, ahora, como era nuestra villa en cuanto a su fisonomía y constitución urbana, lo primero a comentar, sigue D. Cosme, es que Manzanares era manifiestamente más pequeño que el que podemos contemplar a fecha de hoy… Por entonces, continua D. Cosme, la mayoría de sus casas eran de planta baja, y las que tenían piso superior, como muchas de las casas solariegas del casco antiguo eran generalmente de techado bajo, de tal modo que la perspectiva de la villa, a las afueras aplanadas y extendidas de la llanura manchega, era una pequeña mancha plana de casas encaladas, destacando sobre ellas nuestra magnifica Torre… Y, para que se haga usted idea de lo dicho, según la costumbre de entonces, la “medida en pasos” desde el centro de la Plaza a la casa del paisano más alejado quedaba a unos quinientos o seiscientos pasos…y el perímetro del casco urbano de la villa, efectuada por algún oficial del Ayuntamiento, era de… “diez y nueve veces ciento noventa pasos”… Ese contorno del poblado, en su parte norte, sigue D. Cosme, lo constituía la larga “calle de los Serranos”, que desde el Paseo del Rio, donde se iniciaba, cortaba en su recorrido el denominado “camino de las cruces” y, luego, el final de la calle Ancha… que se seguía hacia el norte del llamado. por entonces “camino ancho de Arenas”,. Todas esas vías urbanas confluían a la atura de la actual Plazuela del Chorrero, el Corral del Concejo, y la Ermita de la Virgen de La Paz; quedando algo por encima, en el extrarradio, y en la contiguidad del camino de Arenas una manzana de casas en torno a la denominada calle Donas… 

Ermita de Altagracia.


La calle de los Serranos tenía abundantes huertos a ambos lados de su extensión..y, tras cruzar la plazuela del Chorrero, se continuaba hasta terminar, haciendo esquina, con el final de la calle Toledo, en el límite nordeste de la villa, donde estaba la famosa posada de Triviño con su molino de aceite. Ese cruce de Serranos con Toledo, sigue D. Cosme, era un punto cardinal de la villa, porque ahi confluían las cañadas reales de Soria y Cuenca.. y allí también se iniciaban dos vías trascendentales; por un lado, el camino Real de Madrid, que comenzaba en lo que hoy es el Paseo de la Estación, que a esas fechas no tenía el obstáculo de las vías del tren, ni del propio edificio de la estación y, divergiendo ligeramente desde su inicío, en la pequeña plazuela a donde llegaban y salían todas esa calles y caminos, se continuaba el camino.de Alcazar de San Juan, transitando en sus primeros metros por lo que entonces ya era conocido en la villa como “vereda”, por ser el camino habitual del ganado transhumante, que llegaba desde la parte sur de Manzanares, atravesando las calles de Mayorazgo, Trompas y Toledo…. 

En el margen derecho de la calle Toledo, antes de acabar en la vereda, -sigue D. Cosme- el pueblo terminaba en la Plaza de la Virgen de Gracia, donde destacaba su gran y bella ermita, un humilladero con su cruz y el cementerio más grande del poblado, que como ya sabe usted, hubo de ser vallado por aquel tiempo, en base a una normativa de salud pública de 1804… El contorno de la villa en dirección saliente, sigue D. Cosme, se continuaba desde la Plaza de la Virgen de Gracia, en la calle del mismo nombre, y ésta, a su vez, en la de San Juan, a cuyo final se encontraba la ermita de que daba nombre a la calle… las calles paralelas del Toledillo y de La Tercia, se extendían luego hasta el Castillo, completando el contorno saliente de la villa. Al final de la calle de la Tercia, estaba la enorme fachada posterior de la casa que daba nombre a la calle, donde se recogían los diezmos de nuestra Encomienda, que a primeros del siglo XIX, todavía mantenía su actividad jurídico-administrativa y recaudatoria. 
Plaza Mayor.

La calle de la Tercia terminaba en el lateral este del castillo, y saliendo ya de la población, se continuaba, al sur en un estrecho camino en dirección Membrilla. Los lindes del sur de Manzanares eran entonces, el lado meridional del Castillo y su Plaza, con la pequeña ermita del Santo Sepulcro, y el convento de los Carmelitas, Entre la Plaza del Castillo y el Convento de los Carmelitas Descalzos, la calle del Carmen daba salida hacia el Sur al camino principal de La Membrilla. La parte más oeste del convento de los Carmelittas, sigue D. Cosme, iniciaba el contorno poniente de la villa, contiuándose en la calle San Isidro, que acababa en la Plazuela del mismo nombre, enseñoreada por la coqueta ermita de San Isidro, un bello entorno, de los más populares de la villa en ese primer tiempo de siglo XIX, que lamentablemente sería destruido por los franceses al final de la primera década de esa centuria…

La calle de San Isidro, sigue D. Cosme, se continuaba por el Paseo del Rio, que completaba el contorno poniente de Manzanares, cerrando el círculo perimetral que estamos comentado, al terminar su recorrido en el inicio de la calle de los Serranos. El Paseo del Rio, no solo era la porción mas larga del contorno oeste de la villa, era vía de paso del ganado transhumante a la aldea por la calle Mayorazgo o alguna otra vía perpendicular; y también era la salida natural y nexo de unión de la villa a los puentes y a la vega del Azuer, al abocar en él, desde el interior del casco urbano las calles:.. Duran, Cárcel, Mayorazgo, San Antón, Granados, Feria, Tejeras y Serranos…

Por si eso fuera poco, el Paseo del Rio era entrada y salida natural de la villa a los Caminos de Andalucía, Bolaños, Almagro y Daimiel. El contorno de Manzanares, a principios del Siglo XIX, salvo en este costado poniente, pegado a la madre nueva del Azuer, que fluía paralela, quedaba rodeada por eras, donde las labores de trilla, con su aparataje, las mulas y los paisanos que faenaban en ellas, concretaban un paisaje característico de la periferia del Manzanares de aquel tiempo, que todavía se mantiene incólume a este día de hoy en el que estamos hablando, usted. y yo, concluye D. Cosme su descripción de los límites y contornos de Manzanares

Naturalmente, en esta semblanza del pueblo a primeros de Siglo, una vez descritos sus contornos, prosigue D. Cosme, hay que hablar de la Plaza, punto central y cardinal de la villa. En aquel primer tiempo del XIX, su aspecto era diferente al actual, en el sentido que las casas de dos pisos que conforman sus márgenes eran todavía volanderas, es decir, con las fachadas de las plantas superiores más próximas a la Plaza que las de las plantas bajas.. generando amplios corredores bajo el suelo de los pìsos superiores, que conferían a la Plaza un aspecto de mayor amplitud y que servían para la circulación de la gente y colocar puestos del mercado que cada día se montaba allí… Estos corredores, por tanto, no estaban soportados, pues ese proceso se llevó a cabo, precisamente, a lo largo del XIX…En este siglo XX, sigue D. Cosme, queda como recuerdo de aquellas casa volanderas la que se aprecia en la Plaza al inicio de la calle Ancha... 

El suelo de la Plaza era de tierra, como el de todo el pueblo. salvo el de la calle Empedrada... Existían faroles de aceite en las esquinas de la Plaza, para iluminarla en la noche.. Los edificios de sus contornos. a primeros del XIX estaban igual que en el siglo XVIII, destacando, claro está, sigue D. Cosme, la Catedral, con su extraordinario frontispicio y un amplio atrio-cementerio en las fachadas delantera y posterior; en ésta parte posterior, al inicio de la calle Ancha, existía una cruz de piedra. .Los otros inmuebles importantes de la Plaza eran, como ya sabemos; la Casa Consistorial, que albergaba también el Juzgado en su piso bajo, la carnecería, la casa del peso y el Pósito. En la Plaza existían también dos pozos públicos en uso: uno al lado del Consistorio y otro cerca de la Iglesia. 

De aquel tiempo de primeros del siglo XIX, prosigue D. Cosme, tenemos bastante constancia escrita de cómo eran otras muchas cosas de la villa; por ejemplo sus calles, que merecen algún relato especifico, en el que podamos conocer como se llamaban las vías principales y las cosas más importantes o significativas a decir de ellas;. Ya hemos contado algo de las que formaban sus contornos, pero vale la pena recrearse en aspectos diferentes que servirán a sus lectores para imaginar cómo era la vida entonces en nuestra villa, reconociendo algunas gentes que las habitaban , los negocios, posadas o cualquier otra curiosidad a destacar en lo que eran sus trayectos urbanos. Igual cabe decir de cómo eran y estaban: la Encomienda, el Castillo, los conventos y las ermitas de Manzanares a principio del XIX; antes que la guerra de la Independencia, y la desamortización de Mendizabal, transformaran muchas cosas e, incluso, eliminaran parte de ese histórico patrimonio de Manzanares...
 
De todas esas cuestiones, daremos pinceladas en relatos próximos, que nos ayudarán a conocer más el Manzanares de primeros de siglo, siendo esa información, también, la manera mejor de comprender, e ir siguiendo, todos los cambios que se fueron sucediendo en Manzanares, en ese siglo decimonónico y transformador, que cambió muchísimo el tamaño, la fisonomía de nuestro pueblo y la vida de sus gentes, tal como ha sugerido el título de esta crónica que ahora le ruego concluya, querido amigo, pues ya fue de bastante para su pretensión…


208). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: EL SIGLO XIX…MANZANARES SE ABRE AL MUNDO.

Es momento ya, querido cronista, me dice D. Cosme, de comenzar a relatar la historia de Manzanares en el Siglo XIX.. que fue muy intensa y diversa, y cambió el tamaño, la fisonomía del pueblo y la vida se sus gentes. Personajes relevantes serán protagonistas de sus aconteceres; ya hemos conocido a Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor, quien seguiría siendo, sin duda, la figura más importante e influyente en nuestro pueblo en las primeras décadas del XIX, como tendrá usted ocasión de comprobar muy pronto. Pero en esta primera crónica genérica del Siglo XIX en Manzanares, sigue D. Cosme, lo más resaltable es que Manzanares se abrió al mundo exterior con más fuerza que nunca. Seremos reconocidos fuera de nuestras lindes por muchos episodios en que nuestro pueblo, sus gentes, paisanos ilustres y otros forasteros insignes, fueron protagonistas principales... y, en gran medida, eso fue debido no solo a valores propios, también por nuestra privilegiada situación en la llanura manchega, y el paso por nuestra villa del Camino Real de Andalucía, que, desde finales del XVIII, soportó casi todo el tránsito de carros y personas entre Madrid y el sur.

 Los mesones y posadas de Manzanares hicieron el resto en la acogida de celebres forasteros en el Siglo XIX: reyes, políticos, literatos, científicos, militares, artistas... pasaron por Manzanares y convivieron con su gente… Todos y cada uno de ellos, sigue D. Cosme, nos dieron a conocer al mundo como nunca hasta entonces, con la inestimable ayuda de modernos medios de comunicación: correo, prensa y ferrocarril,.. que se fueron desarrollando, durante ese Siglo XIX… 

Le contaré los sucesos más importantes habidos en Manzanares y los muy relevantes personajes que estuvieron en la villa, o tuvieron que ver con ella, a lo largo y ancho de esa centuria. El siglo empezó tranquilo en la vida tranquila de una villa como Manzanares y pocas cosas relevantes hubo, le citaré, sigue D. Cosme, por ej, que en 1804 se promulga en España una disposición que prohibía los enterramientos dentro de las poblaciones, por lo que se cercó el cementerio contiguo a la ermita Virgen de Gracia, que era el mayor de Manzanares...

El Párroco Sotomayor, en ese tiempo, ejercía de líder religioso y político; siendo protagonista de los principales sucesos vividos en la villa; y también de otros aspectos de la vida cotidiana, por ej los festejos:, La Navidad.. Fiestas de los Santos Viejos y de las ánimas benditas, con sus lumbres y tradiciones de barrio, carnavales; Semana Santa…y de ese Manzanares de primer tiempo de siglo, me dice D. Cosme, algo comentaremos en próximas crónicas… Pero, lo cierto es –sigue D. Cosme- que Manzanares, como toda España, cambió tranquilidad por vorágine antes de terminar la primera década del XIX, cuando los franceses extendieron su imperio napoleónico a la península, y estalló en 1808 la guerra de la independencia... 

  
Ermita de San Blás.

Por la situación estratégica de Manzanares, en el Camino Real de Andalucía, los invasores franceses establecieron en nuestra villa la capital de la provincia de la Mancha en 1809, trasladando aquí, sigue D. Cosme, su organización administrativa, la prefectura, el gobierno militar (instalado con sus tropas, en el Castillo) y el Tribunal de lo Criminal, que juzgaba a guerrilleros apresados por el ejército francés en la región. Casi todos esos patriotas españoles eran condenados a muerte, y ejecutados en los patios del castillo o en la Plaza publica, que fue tristemente conocida como el "Matadero de la Mancha”…. En ese tiempo infausto, continua D. Cosme, empezó un proceso que se prolongó durante todo el siglo, en el que Manzanares cambió su tamaño y aspecto, transicionando de villa a pueblo… En aquella contienda -continua D. Cosme- se vivieron en Manzanares episodios que quedarán para siempre en la historia de este pueblo, entre los que le destacaré, como más relevantes, el asalto al hospital militar francés, habilitado en el convento de los Carmelitas descalzos, y el subsecuente episodio histórico del encuentro, (idea de Sotomayor) entre la imagen de Nuestro Padre Jesús del Perdón, procesionado por los paisanos del pueblo, con las tropas francesas del General Sebastiani en la ermita del Cristo de la Agonía, encuentro que limitó la venganza de los franceses y contribuyó a engrandecer la leyenda del Patrón actual de nuestro pueblo, cuando Sebastiani bajo de su caballo e impuso su fajín en la cintura de nuestro Cristo Arrodillado. 

A pesar de esta muestra de perdón, la ira de los franceses les llevó a destruir todo el entorno del Paseo del Río, y el Parterre de San Isidro, incluyendo su coqueta ermita.. Por entonces, sigue D. Cosme, los invasores destruyeron también el Convento de Carmelitas y la antigua ermita del Santo Sepulcro, utilizando restos de sus materiales para parapetar el Castillo.. Ambos, Convento y Ermita, seguirían distinta suerte en años posteriores... Del convento solo quedaron sus ruinas, pero la Ermita se rehízo, en 1847, bajo la advocación y nombre de San Blas... Sin temor a equivoco, fuimos la villa manchega con más episodios guerreros en aquella contienda. Todo ello dará pie a numerosos relatos, pues aquel terrible tiempo constituyó una de las etapas más relevantes de la historia de Manzanares, y plena de sucederes. 

Calicanto, al fondo, Fábrica de la luz.

'Los cinco Puentes'

En esa etapa, nuestras gentes demostraron su hidalguía, sigue D. Cosme, oponiéndose como pudieron a la tiranía asesina de los ocupantes franceses, cada vez que tuvieron ocasión, desmintiendo el supuesto “afrancesamiento” que nos atribuyeron injustamente algunos pueblos vecinos, al acusarnos de colaboracionismo con los franceses, solo por el hecho que ellos, los invasores, nos habían elegido como punto de referencia en La Mancha… Pero, nada menos cierto, sigue D. Cosme, pues tal como quedó refrendado por el Reino de España, precisamente por sus actuaciones en la guerra, Manzanares fue reconocida con el título de “Fidelísima villa”. 

En otros puntos de la villa, los franceses se portaron mejor, respetando bastante nuestro patrimonio. Como curiosidad le comento que la torre de la catedral se usó para observatorio del terreno por vigías del ejército francés. Naturalmente, sigue D. Cosme, el gran número de franceses en Manzanares en aquella etapa de ocupación, dejó su impronta cultural…por ej, se creó la primera logia masónica de la provincia de Ciudad Real, con sede en la Casa de los Merinos de la calle del Carmen… y, ciertamente, también, como otro hecho positivo de la estancia francesa, quedó cierto “poso ilustrado”, que nos llevaría a ser la “avanzadilla” manchega de los movimientos sociales y culturales característicos de la segunda mitad del Siglo XIX. 

En tiempos inmediatamente posteriores a 1814, tras el final de la guerra, Manzanares continuó siendo el núcleo vital más importante de Ciudad Real en diversos aspectos, como, por ej, en los incipientes desarrollos industriales, el correo y las Postas. Manzanares, aparte de todos eso, a lo largo de ese siglo XIX, también sufriría plagas, inundaciones y sequías en nuestros campos…y graves epidemia de cólera, donde destacó por su entrega y dedicación,un paisano ilustre, el médico D. Alfonso González Mellado que, al final de esa centuria, también fue un gran benefactor de nuestro pueblo, como mecenas de la gran reforma que transformó, a como es hoy día, la Ermita de la Veracruz y, además, fue el promotor y hombre fundamental en la creación del actual hospital de la Milagrosa... de él, y de sus logros, hablaremos también en algún relato. como también lo haremos de la más insigne manzanareña que ha conocido la historia de este pueblo, María Francisca Díaz Carralero Rodezno, conocida para la posteridad, como la “ciega de Manzanares”… Su trayectoria vital se prolongó desde poco después del final de la guerra de la independencia, hasta el final de esa centuria, ,Pobre y ciega de nacimiento, su vida fue un ejemplo de desarrollo personal… Poetisa y repentista de gran ingenio fue reconocida en su talento, a lo largo del siglo, por intelectuales españoles y extranjeros, e incluso por la propia reina Isabel II, cuando recalaban en Manzanares. Ella, acudía a visitarles para mostrarles su ingenio, y se convirtió en la mejor embajadora y propagandista de nuestro pueblo en el Siglo XIX... 
Fábrica de Harinas.

Y claro está, hablaremos también de la evolución durante el siglo XIX de los lugares e inmuebles más relevantes de Manzanares como el Paseo del Río y su entorno, sus Ermitas, la Catedral y el Castillo entre otros..La transformación continuó con el proceso desamortizador de Mendizabal de 1836, que liquidó nuestra Encomienda calatrava, y motivó en Manzanares cambios patrimoniales importantes de lo eclesial y sus ordenes religiosas, afectando, de manera significativa, a el castillo de Pilas Bonas que, a fecha de hoy, está engullido entre construcciones de sus nuevos propietarios particulares... Más tarde, otros hechos cambiarían vidas y pueblo, en la segunda mitad de ese Siglo XIX, comenzando por el episodio del “Manifiesto de Manzanares”, en 1854, del que comentaremos bastantes cosas en algún que otro relato, por ser, sin duda, el suceso histórico que más dio que hablar de Manzanares en España en toda su historia como pueblo, cuando desde un balcón de la casa esquinera de la entonces calle del Pósito con Empedrada, un joven político, que luego llegaría a Presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, leyó una proclama, escrita de su puño y letra, por la que el político y general rebelde Leopoldo O’Donnell, se rebelaba contra el poder del Rey establecido, proclama que se conocería como “Manifiesto de Manzanares”, y que dio paso y lugar a un cambio de gobierno y política en España, a traves del llamado “bienio liberal”. La elección de Manzanares por O’Donnell no fue casual, todo fue preparado aquí por un amigo y correligionario, otro ilustre paisano, D. Francisco González-Elipe y Camacho, político liberal, poeta, jurista y gentilhombre de la corte de Isabel II, que fue elemento decisivo para concretar en nuestro pueblo el citado “Manifiesto de Manzanares”.

Con la llegada del ferrocarril, allá por 1860, sigue D. Cosme, dio comienzo el desarrollo industrial de Manzanares, que creció considerablemente en su vertiente norte, en el entorno de las vías del tren, apareciendo nuevos elementos urbanos que hoy son muy característicos de Manzanares, como; los “cinco puentes” y el “banco de la paciencia”... también cantidad de diferentes industrias y una estación de tren, en cuya proximidad se construyeron, grandes bodegas y destilerías… Al final del siglo XIX, se ensanchan las Alamedillas del Río y se construye el Parterre, en cuyo entorno, se edificó un depósitó colector, donde se almacenó el agua de Siles, dejando resuelto el abastecimiento de la la población, y también allí se desarrollaron industrias y fabricas de primer nivel, como el Matadero de la viuda. de Cendal, la Fabrica de Harinas, o la “fábrica de la luz”... que concretaron una industrialización sin parangón en la zona, de las que hablaremos en varios relatos. 

Esa transformación industrial, llevó aparejada cambios en las rutinas sociales del paisanaje, hasta entonces concretadas en el ruralismo de un pueblo agrícola como era Manzanares. Movimientos como el asociacionismo y el anarquismo, tuvieron un especial desarrollo y pujanza en el Manzanares de la segunda mitad del Siglo XIX, en relación a los cambios de paradigma social, que trajo de la mano la industrialización... También llegaron, nuevas formas de relax y ocio del paisanaje, que florecieron en los pueblos de España, y en los que Manzanares fue pionero en La Mancha. Aparecieron Casinos y centros de cultura, donde los paisanos se reunían a tertuliar, jugar a naipes o escuchar conferencias, debates o mítines políticos; de eso hablaremos en algún relato. 
Y es tiempo ya, me dice D. Cosme de dar fin a esta crónica genérica de un siglo en que la insigne villa de Manzanares devino en pueblo y se abrió al mundo como nunca hasta entonces, y de eso habrán de darse bien cuenta, usted y sus lectores, en los numerosos y variados relatos relatos que habrán de llegar a costa de esa centuria decimonónica


domingo, 7 de abril de 2019

207). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: UN GRAN PASTOR PARA UN GRAN PUEBLO.



Las dos cartas que autoridades, clero y feligresía de Manzanares habían enviado al Consejo de las Ordenes y al Rey de España, comienza D. Cosme el nuevo relato, causaron tal impacto en ambas instituciones que, contra lo habitual ante peticiones similares al Consejo; que solía ser, ratificar la propuesta establecida previamente si no existían causas de fuerza mayor,.. se tomó, finalmente, la decisión que solicitaba el atribulado pueblo de Manzanares…y, mi querido amigo, todo el proceso que condujo a ese cambio, tras la consideración de las dos cartas enviadas desde Manzanares, será el objeto de esta crónica que no más comienza, y que yo le propongo redactar ya mismo... 

Probablemente, y según se comentó por entonces, sigue D. Cosme, la influencia del Rey fue bastante determinante, al quedar muy impactado por la determinación escrita del pueblo de la villa de Manzanares de la Mancha….y no solo fueron las cartas, pues en cada ocasión que tuvieron, en aquel mes de Noviembre de 1799, varios de los firmantes abogaron particularmente por la petición que contenían las misivas, ante las autoridades del Consejo que debían tomar la decisión… Con todo y con ello, parece ser que fue el Rey quien más influyó a favor de lo que pedía la gente de Manzanares; y eso a pesar que, en aquel momento, se vivía el enfrentamiento de Sotomayor con el Comendador de Manzanares, Infante Antonio Pascual… que, lógicamente, algo no muy positivo para la propuesta de la permanencia de Sotomayor en Manzanares, debió aducir ante su propia Casa Real, cuando fuese inquirido sobre la cuestión. Pero lo cierto es que, de ser así, no fue óbice, para cambiar el ánimo positivo del Rey a la petición de la gente manzagata... 

Así las cosas, el Consejo decidió poner el caso, y la decisión final, en manos y cabeza del propio Sotomayor… Seguramente, querido cronista, y esto sigue en el contexto de mis propias conjeturas, continua D. Cosme, Frey Sotomayor esbozaría una sonrisa de satisfacción y triunfo personal, al comprobar que la estrategia conjunta con su recién estrenada feligresía, lograba el objetivo buscado… y eso que, en verdad, D. Pedro estaba muy preocupado por la muy posible influencia en contra de ese interés del Comendador de Manzanares, Infante Antonio Pascual… Como acabo de decirle, sigue D. Cosme, el Consejo de las Ordenes, contra su costumbre, dejó la decisión de su destino en manos del afectado, he hizo llegar al propio D. Pedro las muy mentadas cartas de Manzanares, (probablemente a finales de aquel mes de Noviembre, cuando D. Pedro se encontraba en Madrid, haciendo los trámites para su incorporación a Salamanca), para que considerase su contenido y, en función de lo que allí se decía, emitiese él mismo, y lo antes posible, un informe personal al Consejo de las Ordenes…
Consejo de las Ordenes.

Y hay que decir, ahora, y por eso lo digo –me sonrié un elocuente D. Cosme- que, aparte la sonrisa cómplice que esbozó Sotomayor, al leer esas cartas, seguramente “inspiradas” por él en muchas de sus frases … la intensidad y el sentimiento que demostraba la gente de ese pueblo de Manzanares, a su favor, en los escritos (el mismo pueblo que tanto coste personal y de salud le había causado, y al que, a pesar de ello, una vez ratificado como su Pastor, había decidido servir a plenitud) le impresionó profundamente, tal como él mismo contó alguna vez a sus más allegados e, incluso, plasmó en la redacción de algunas de las homilías que dirigió a su feligresía de Manzanares a primeros del Siglo XIX… y esa impresión profunda fue determinante para acrecentar su decisión de quedarse definitivamente y a plenitud, en Manzanares… lo que dejó también reflejado en el informe-respuesta que Sotomayor remitió al Consejo de las Ordenes, el día nueve de diciembre de 1499… 

Del escrito, que forma el núcleo del relato, entresacaré varios párrafos significativos, me comenta Don Cosme, para su conocimiento y el de sus lectores,…Por ej comienza, así: “Me llenan de consuelo los sentimientos de Religión de aquelos fieles, y el amor que manifiestan a el ministerio parroquial, y pasando a analizar el contenido del último de los escritos”…(y Sotomayor, al analizarlo, dice lo que sigue)---“su representación tiene dos partes; la primera describe la situación lastimera a que se vieron reducidos (los fieles de Manzanares) por varios accidentes en la administración del pasto espiritual y los deseos que les acompañan de que se repare esta pérdida…”. Luego, Sotomayor, recuerda al Consejo en su carta que, a la vista del nombramiento que le había asignado la orden en Salamanca, él había pedido al Consejo su cese en Manzanares y que se designase para la villa a otro Párroco, capaz de enderezar las numerosas carencias espirituales que él había encontrado en Manzanares, y que consideraba precisaban de un párroco joven y con capacidad suficiente para llevar a cabo las tareas. Sigue recordando al Consejo, lo que sigue…”No tuvo efecto esa solicitud y el Consejo tomó las medidas que juzgó más oportunas para combinar (en su persona) las urgencias de uno y otro destino; me sometí a ellas con el más religioso respeto, sin reparar en los gastos que me ocasionarían los viajes dilatados que tenía que practicar para cumplir lo proveido”…y luego, Sotomayor, sutilmente, se alía con su pueblo de Manzanares, y se ratifica así mismo, escribiendo esto… “el pueblo no se conformó, pues conoce que en las actuales circunstancias no hay en él sujeto a quien confiar su dirección por varios obstáculos morales y políticos que lo impiden, pues la dirección de una feligresía debe prestarse por sujetos a quien ésta tenga entera confianza . cuya virtud ha movido a aquellos fieles. Fijado en ellos intentaba verificar la reforma espiritual que necesitaban, si no conforme a la cualidad de sus exigencias, al menos con arreglo a mis débiles fuerzas; a nada había dado principio, pues el corto tiempo que he servido al curato aún no ha bastado para estudiar el genio y costumbres del pueblo y ganar el corazón de sus habitantes, paso necesario para seguir con fruto la carrera del Ministerio parroquial”....y, Sotomayor, sigue D. Cosme, hace aquí un alarde de falsa modestia, pues siendo evidente lo que opinaba de su persona la gente de Manzanares en sus cartas, prefiere disimularlo para resaltar lo mucho que le quedaba por hacer en la villa. incluyendo conocer y ganarse a esa gente, (obviamente ya ganada), para las muy necesarias y numerosas reformas que precisaba Manzanares . 

Luego, D. Pedro, hace mención en su escrito a los problemas de salud que tuvo al llegar a Manzanares, afirmando que los tiene ya controlados, y así, hacer ver al Consejo que eso ya no será un problema para abordar las tareas pendientes en nuestra parroquia…y dice que …”teniendo tomadas medidas para su extinción… ….despreciando estas causas hasta el presente que me sea lícito, debo restituirme a servir la Parroquia de Manzanares, ayudando a los fieles que la componen en cuanto pueda, creo deber hacer este sacrificio en obsequio de la Religión y del Estado, para cuyo efecto, con todo el derecho que tengo a el Rectorado del Colegio de Calatrava, renunciándolo según toda forma de derecho, y no porque me juzgue colmado de todas las cualidades necesarias para la dirección de la Parroquia, pues el conocimiento de las muchas que me faltan me ha determinado a solicitar mi traslación una y otra vez, sino es porque interín esté a mi cargo, debo hacer en su obsequio cuanto alcancen mis fuerzas, lo que no puedo verificar en mi ausencia”…

Es de admirar, en este párrafo, comenta D, Cosme, la inteligencia estratégica de Sotomayor, puesta en conseguir su objetivo de quedarse en exclusiva en Manzanares… D. Pedro comenta que renuncia a su derecho al Rectorado, mostrándolo como un sacrificio personal, tanto más cuando lo hace para asumir en plenitud los deberes que tiene en Manzanares, algo que para él es una tarea no especialmente grata, como demuestran las varias solicitudes que había hecho para ser trasladado a Martos…De este modo, sigue D. Come, deja abierta, en benefició de ese objetivo, la segunda parte de su carta, en la que se refiere al deseo de los feligreses de Manzanares, expresado en las dos cartas que remitieron a la Orden y al Rey,…. y dice sobre esa feligresía, aludiendo a párrafos de sus cartas, continua D. Cosme, lo siguiente: “La segunda parte de la representación contiene las cualidades que constituyen y hacen recomendable la persona de un buen párroco, atribuyéndolas a él mio los representantes (firmantes de las cartas)…”…Y, otra vez, muy inteligentemente por su parte, comenta D. Cosme, Sotomayor, continua escribiendo su carta de la siguiente manera;… primero elude pronunciarse sobre si mismo y, después, pone los anhelos expresados por la gente de Manzanares en manos de la voluntad de la Orden y del Rey,... algo que, escrito como D. Pedro lo escribe, resultaría muy difícil de rechazar para ambas instituciones (Orden y Rey)... el brillante e inteligente párrafo de la carta de Sotomayor al respecto dice:.. “en esta parte ni puedo ni debo decir nada, el Consejo estará instruido de cuanto debe saber en esta parte, y si le falta algún conocimiento, lo tomará menuda y escrupulosamente para informar a S. M., pues siendo éstas el relato de la representación, el pueblo es acreedor a las bondades de su soberano”…..Y puesta en suerte la cuestión, comenta D.Cosme, Frey Don Pedro Alvarez de Sotomayor se justifica en su escrito, ante Orden y Rey, aún más de lo que lo había hecho, con las palabras del último párrafo de su carta; “No sea visto por esto querer separarme de servir a la Orden en cuanto pueda, pues su ilustre y esplendor en sumo grado me interesan”...y, añade con sutil y muy inteligente oportunidad, dice D. Cosme, la referencia a un hecho circunstancial de esas fechas, que le servía como “anillo al dedo”, para el logro de su objetivo. ..“En confirmación a esta verdad, (sigue escribiendo Sotomayor).. teniendo entendido que el señor conde del Carpio. Ministro del Consejo, se halla de orden de S. M. efectuando la visitación del convento de Calatrava en la villa de Almagro para el mejor establecimiento de la Orden.....por medio de una sabia instrucción, a cuyo efecto se trata de la reforma y extensión... del Colegio a la referida Universidad, aunque no me crea con la instrucción suficiente para tan importantes objetos, si S. M. o el Consejo me destinase para alguno de ellos algún día, podría cuando no otra cosa, acreditar mi subordinación, pues sin desatender a los feligreses de Manzanares podría socorrer en lo que me destinare, por la inmediación de las dos villas”….y, D. Pedro, rubrica su informe-carta de esta manera: “Es cuanto en mi conciencia y en beneficio de la Orden puedo decir”….. Madrid 9 de diciembre de 1799—frey don Pedro Alvarez de Sotomayor
Orden de Calatrava.

A la vista de esta carta perfectamente argumentada por D. Pedro Alvarez de Sotomayor, e imbricada de manera tan sospechosamente perfecta con las del pueblo de Manzanares, el Consejo de la Orden de Calatrava, sabedor, además, de lo que el Rey quería, no tuvo otra opción que suspender el nombramiento de Alvarez de Sotomayor para el Rectorado del Colegio salmantino de la Orden Calatrava, Y espero, mi querido cronista, que todo esto le baste para concluir ya el relato, pues ya sirvió para dar cuenta de cómo Sotomayor quedó reincorporado, y de manera exclusiva, tal cual él y el pueblo querían, como el máximo Pastor de almas de la insigne villa de Manzanares,… asistiendo ya como su Párroco en exclusiva a la reunión del Cabildo celebrada el 29 de diciembre de 1799… Se terminaba el Siglo Ilustrado, objeto hasta ahora de estos relatos, e iba a comenzar el Siglo XIX, donde nuestro Pastor reconfirmado sería el principal protagonista humano de los primeros años de aquel siglo en Manzanares, como habrá ocasión de conocer en las crónicas que han de llegar, donde hablaremos mucho de Sotomayor, pero también de muchísimas otras gentes importantes y de cosas que sucedieron, o por las que se habló, de la villa de Manzanares de La Mancha..


miércoles, 27 de marzo de 2019

206). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912. EL PUEBLO CLAMA POR SU PASTOR.



Empezaba noviembre de 1799, dice D. Cosme al iniciar el relato, cuando Sotomayor había sido confirmado por el Consejo de Ordenes como Rector del Colegio calatravo de Salamanca para los tres años siguientes; y aunque se le mantenía también como párroco de Manzanares, ciertamente su recién comenzada labor en nuestro pueblo se tambaleaba …

Pero, sigue comentado D. Cosme, las cosas no iban a resultar tan definitivas, y es que, ¡ay amigo!...el pueblo de Manzanares, su emprendedor paisanaje, iba a tener un protagonismo decisivo en toda esta cuestión..y, visto lo visto hasta ahora, acerca de la sutil inteligencia estratégica de D. Pedro, y la determinación histórica que caracterizó a nuestra gente a lo largo de su historia, no resulta extraña la deriva que tuvieron los acontecimientos que venimos narrando,.. y todo lo que iremos conociendo a lo largo de la crónica, nos hará entender cómo se logró la ubicación plena del insigne Frey D. Perdo Alvarez de Sotomayor en la villa de Manzanares, por acción y arte de su feligresía…

Cabe hasta suponer que ambos, pastor y feligreses, fuesen juntos, y de la mano, en los acontecimientos que habrán de dar cuerpo a la crónica que ahora le propongo escribir, para que usted entienda y sepa bien porque ocurrió lo que ocurrió.. apostilla D. Cosme. Y es que, el clero y los feligreses de Manzanares, a estas alturas del año, y del tiempo que llevaba entre ellos Frey Sotomayor, continua D. Cosme, ya habían advertido las incuestionables virtudes de quien era su nuevo Pastor… y habían decidido dar la batalla por él, quizá “alentados” o “animados” por el propio Sotomayor, que siempre supo jugar muy bien las “cartas disponibles” en cada uno de los problemas que abordó… y, esta complicidad supuesta, entre pastor y rebaño, que solo es pura conjetura mía, sigue D. Cosme, la baso en dos cartas que, firmadas por las autoridades, clero y un número considerable de feligreses de nuestra villa, se enviaron al Consejo de Ordenes y al propio Rey de España, abogando por la permanencia estable y definitiva de Frey Sotomayor en Manzanares, y por que no tuviera que compatibilizar la ingente labor que le esperaba en el pueblo con la rectoría del colegio de Salamanca... y también lo supongo por la carta que el propio Sotomayor envió al Consejo, en respuesta a esas dos cartas antedichas del clero y feligreses de la villa de Manzanares...
Salamanca, antigua, monumental.

Y es que, sigue D. Cosme, en algunos párrafos de las dos primeras cartas de las gentes de Manzanares, (que habrán de constituir el núcleo de está primera cronica al respecto del episodio)… y aunque el lenguaje y la forma de escribir de aquella época eran similares; en muchos textos se pueden advertir frases y giros lingüísticos muy comunes en la jerga habitual de Frey Sotomayor...y, además, en la última carta que el propio Sotomayor dirigió al Consejo de Ordenes (que conformará el núcleo del relato que cerrará este episodio), Frey D. Pedro desarrolla un argumentario que le va como “anillo al dedo” a las dos primeras cartas de nuestros paisanos de 1799;, para conseguir el objetivo de permanencia en Manzanares …y fuese o no fuese así, como enseguida veremos, cualquiera podría pensar que las tres misivas formaban parte de una misma estrategia de pastor y feligreses, con el objetivo último de evitar la marcha del primero a tierras salmantinas….

Pero, sigue D. Cosme, vamos ya con esas dos cartas que las autoridades, clero y bastantes feligreses firmaron y dirigieron al Consejo de Ordenes y al Rey de España… 
En la primera de ellas, decían: “El vuestro Alcalde Mayor de la villa de Manzanares, sus Procuradores Síndico General y Personero, el clero, dependientes del Santo Oficio y demás vecinos en ambos estados que abajo firman, a los R.P. de V.A. con el mayor respeto dicen:...”que ha causado tanta aflicción a todo este vecindario la inesperada novedad de haber conferido SM el empleo de Rector del Colegio de Salamanca a frey don Pedro Alvarez de Sotomayor, del hábito de Calatrava, Párroco de esta villa, a quien veneraban sus feligreses como Padre, Director y Maestro, títulos que le han grangeado las excelentes prendas de virtud y ciencia que le adornan. Que los exponentes, implorando la piedad del Soberano, le suplican en este día, implorando su bondad, que su benéfica mano les conceda su Pastor, que no se les prive de su amable doctrina y les deje gozar un Párroco que el Omnipotente les ha concedido en la necesidad espiritual en que existían y que pues que la piedad de nuestro Católico Monarca no puede menos de consolar a estos fieles de Jesucristo en sus aflicciones”,---- estos mismos: Suplican rendidamente a V. A. , contribuya por su parte a tan piadosa y caritativa pretensión, inclinando al Real Animo de S.M. para que deje a los suplicantes su Pastor, cuya gracia esperan conseguir del católico celo de V. A..- Dios Nº Señor llene de bendiciones la vida de V.A. por dilatados felices años.- Manzanares a 4 de noviembre de 1799… Firman: Josef-Jorge del Molino y Torres, alcalde mayor. Julían de Sandoval, síndico general; Manuel Josef de Aliaga, personero; Pedro-Josef Novés y Aguilera y Alfonso López Martín, presbíteros …y setenta firmas más, entre sacerdotes y seglares….
Salamanca Histórica.

La segunda carta, sigue D. Cosme, iba remitida directamente al Rey, y estaba rubricada por las mismas personas, en la misma fecha, 4 de Noviembre de 1799, por lo que se supone que las dos misivas se redactaron consecutivamente, y en la misma reunión. Esta carta al Rey era aún más extensa y lisonjera para Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor. Los firmantes justifican en la carta su posición a favor del mantenimiento estable en Manzanares de Frey Don Pedro Alvarez de Sotomayor en párrafos como los que siguen:
..”una de las cosas o la más principal que ánima y consuela de un pueblo cristiano, tener a su frente un Párroco sabio y virtuoso”.. “hallen los fieles de Jesucristo consuelo en sus aflicciones, protección en sus necesidades y dechado en sus operaciones, cuando se ven privados de tan gran bien, se llena el colmo de la aflicción y recurren presurosos a buscar la felicidad que perdieron”….“Asi puntualmente sucede a los suplicantes y a todo este vecindario, que poseyendo un Párroco digno, por sus virtudes y ciencia, del amor y estimación general, apenas han principiado a gozar las delicias de su doctrina se les ausenta, y por lo mismo recurren a la benéfica mano de V.A. buscando el consuelo que les falta”… 

Luego, en la carta, sigue D. Cosme, los firmantes hacen mención a las dificultades espirituales de la villa antes de la llegada de Frey Sotomayor a Manzanares, por la senectud del anterior Párroco, D. Manuel de Oviedo….y dicen lo siguiente: … “obtuvo el encargo frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor, del hábito de Calatrava, que dió principio a su Apostólico Ministerio en el mes de mayo del corriente año, y a primera vista se observaron en sus señales exteriores las grandes prendas de virtud y de ciencia de que estaba adornada su alma”…. “la sensación que hizo en los corazones de los fieles el infatigable celo que animaba a este solícito pastor; de nada menos cuidaba que de su descanso cuando las necesidades exigían su presencia; en él hallaban los desavenidos, enfermos y necesitados, palabras, consejos y socorro que suministraba de sus escasas rentas” (aquí “deslizan”, sigue D. Cosme, y seguramente por “inspiración” del mismo Sotomayor, una de las demandas mas perentorias de este a la Encomienda). 

Y la carta, continua D. Cosme, se sigue extendiendo en una mezcla de alabanzas y lisonjas, rayanas en la melifluidad, hacia el Rey, mezcladas sabiamente con la petición casi imperativa del mantenimiento en Manzanares de Sotomayor, diciendo cosas como: ….“Pero cuando el pueblo, en la dulzura con que gozaba de su amable doctrina, se encuentra con la lastimera novedad de que se ausentado, cuando más lo necesitaban ocho mil almas que tenía a su cargo; han sabido de V. M. le ha conferido el empleo de Rector del Colegio de Salamanca y les ha dejado sumergidos en un abismo de aflicciones, tanto que al saber la noticia corrían las gentes penetradas de dolor por las calles, que difundían en los demás que les escuchaban. Pero considerando que V. M. como tan católico y cuyo paternal cariño para sus amados vasallos ha demostrado en todas ocasiones, no puede dejar a estos infelices en tanto desconsuelo. Todos, todos juntos arrojándose a los pies del trono de V. M. imploran su clemencia pidiendo que se les de su Pastor, que no se les prive de su saludable doctrina que gozaban de su Padre y Maestro. El sin duda fue enviado para socorrer a los suplicantes en la necesidad espiritual en que existían. Conoce bien V.M. a los que la sabía mano del Omnipotente ha fabricado, pues aunque sea acepto a sus divinos ojos que instruya y dirija a pocos jóvenes que haya en el Colegio de Salamanca, mas dignas de la atención divina serán ocho mil almas que hay en este pueblo y lo necesitan. V.M. como católico cristiano es el protector y defensor de la Religión y no puede menos de inclinar su magnánimo corazón hacia estos cristianos que quieren su salvación”… “En esta virtud, suplican rendidamente a V.M. se digne revocar el nombramiento hecho en el expresado frey D. Perdo Alvarez de Sotomayor de Rector del Colegio de Salamanca y mandar que vuelva a esta villa a ejercer su apostólico encargo, por cuya gracia todas estas almas imploran las bendiciones de la bondad de Dios y todos sus auxilios para V.M. y su Real familia.- El Omnipotente dilate la vida de V. M. por felices años como la Monarquía necesita. Manzanares a 4 de Noviembre de 1799. 

No sabremos nunca los intríngulis reflexivos del Consejo y del Monarca acerca de estas dos cartas, pero si sabemos de su resultado….sirvieron para dejar en suspenso la toma de posesión del cargo de Rector del Colegio Calatravo de Salamanca por parte de Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor y Rubio… Se comentó, entonces, sin que trascendiera mucho más del asusto, que el Rey quedó muy impresionado por la carta de nuestros ancestros, y que eso fue determinante en la citada decisión…Pero, por el momento, puede usted, querido reportero, dar por concluido el relato, dando pie al siguiente, que redondeará la crónica del episodio…

domingo, 17 de febrero de 2019

205). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: EL PASTOR NO ABANDONA A SU REBAÑO.



El 14 de Agosto de 1799, el dictamen del Consejo de la Orden Calatrava parecía dejar claro que el turbulento comienzo de la trayectoria vital en Manzanares de Frey Don Pedro Alvarez de Sotomayor había terminado…y que, definitivamente, quedaba confirmado como párroco; enseguida se pudo comprobar, comenta D. Cosme al inicio de esta crónica, que los atribulados miembros de nuestro clero, todo el paisanaje de Manzanares,y el propio Sotomayor, iban a padecer una nueva incertidumbre a ese respecto…

Y es que, solo dos semanas después de esa ratificación del Consejo, el 31 de Agosto de 1799, el mismo y recitado Consejo, decide elegir a Sotomayor, (tras ganar, éste, la votación a que fue sometida una terna de clérigos de prestigio en la que D.Pedro, había sido incluido) para ejercer el rectorado del Colegio Mayor de la Orden Calatrava en la Universidad de Salamanca. La resolución del Consejo, sigue D. Cosme, explicaba la elección de D. Pedro Alvarez de Sotomayor y Rubio así;... “con atención a las particulares prendas del juicio, literatura y prudencia que concurrían en el propuesto y eran tan convenientes a las críticas circunstancias en que se hallaba el colegio”… Sin embargo, continua D. Cosme, aunque es probable que fueran esos méritos de Sotomayor los que, realmente, motivaron su designación, y es la versión oficialmente admitida, no faltaron entonces, ni faltan hoy, argumentos algo más maledicentes o malévolos para explicarla; en la línea que, quizá, alguna autoridad local influyera para intentar quitarse de en medio a un personaje tan incomodo y reivindicativo, mediante ese proceder bien conocido y, frecuentemente, utilizado, dice jocoso D. Cosme, de “ascender” a alguien, a la vez que se le “quita de en medio”…

Y, es que, además de lo que ya sabemos de la manera directa, concreta y determinada con la que planteaba sus demandas y proyectos a las autoridades locales –prosigue D. Cosme- Sotomayor, una vez reconfirmado como pastor de Manzanares, no cambió un ápice esa manera de actuar….y, atribulado como estaba en relación a la gran mendicidad existente en la villa, nada más ser ratificado, advirtió que la financiación de la Encomienda a su parroquia, resultaba manifiestamente insuficiente… y, ni corto ni perezoso, instó al mismísimo comendador, el infante D. Antonio Pascual, a que aumentase esa congrua de manera sustancial… Parece que el infante, inicialmente, no accedió a ello, y se molestó por la insistencia contumaz de D. Pedro… Por eso, nada de extraño habría en que tuviese cierta verosimilitud la hipótesis malévola del “ascenso” de Frey Sotomayor a un cargo mucho más relevante en Salamanca; ”recomendado”, quizá por el mismo Comendador, concluye su discurso, sonriendo, D. Cosme… Y fijese si era contumaz Frey Sotomayor, continua D. Cosme, que aun teniendo ya en su poder el nombramiento para el rectorado salmantino, el 13 de Septiembre de 1799, sorprendió al Comendador, solicitándole, oficialmente, su demanda de aumento de la congrua antes citada…

D. Antonio Pascual, debió quedar perplejo, y aunque siguió sin acceder a la magnitud de la demanda de D. Pedro, no le quedó más remedio que mostrar algún pequeño gesto, ordenando que, a partir del día 8 de octubre, se donase a la parroquia, desde los almacenes de la Encomienda, con 250 fanegas de trigo, y 50 de centeno, para su reparto a los indigentes de la villa. …Sotomayor, entendió este gesto como algo casi ofensivo, pues él, exigente como era en temas de caridad hacia los pobres, era perfecto conocedor de la riqueza de nuestra Encomienda, no estaba dispuesto a conformarse con esas pequeñas migajas, totalmente insuficientes para los muchos indigentes que pululaban por la villa... Mucha gente piensa, entre los que me incluyo, sigue D. Cosme, que este episodio influyó decisivamente en el ánimo de Sotomayor, que empezó a sospechar, entonces, que su nombramiento como Rector en Salamanca, tal vez encerraba el malsano intento de alguna gente decidida a separarlo de Manzanares; y, quizá, fue esto lo que encendió en su espíritu, por primera vez, el deseo de evitar esa separación…

Foto antigua de Martos (Jaén).


Empezó a ver como un reto personal la situación de nuestra villa y los problemas que tenía con algunas autoridades,…, y en consecuencia con ello, en lugar de intentar marcharse de Manzanares, comenzó a buscar la manera de quedarse, asumiendo e interiorizando lo que entendía como obligaciones naturales de su acción pastoral, que le instaban a luchar por lo que consideraba justo para su rebaño, concreta, lírico, un D. Cosme, admirativo hacia la personalidad de Sotomayor;… Y esto que le comento, amigo cronista , es algo que se puede deducir, o pensar que así pudo ser, por los hechos que, a continuación, vamos a ir conociendo... En un primer momento, Sotomayor, obediente y disciplinado, como también era, el 4 de Octubre de 1799, redactó un escrito, dirigido al Consejo,, que decía:.... “cuyo nombramiento acepta en debida forma, con arreglo a derecho y especialmente según las definiciones de la Orden, práctica de ella y providencias del Consejo dadas sobre el particular y terminaba dando al mismo tiempo las gracias a V.A. por la consulta con que se ha dignado favorecerle para dicho empleo”…

D. Pedro viajó entonces a Madrid, para preparar el nuevo destino y, probablemente, por esa nueva certidumbre que anidaba en su espíritu, días después, el 23 de Octubre de 1799, envía otro escrito al Consejo en el que mostraba su preocupación por la situación que dejaba en Manzanares, desprovista de su párroco en los tres años venideros, y en un estado parroquial muy necesitado… para, enseguida, añadir algo que quedará en esta historia bien como algo propio del afecto a Martos de Sotomayor, o como una sutil estrategia de D. Pedro ante el Consejo, para lograr lo que ya rondaba en su cabeza, permanecer en Manzanares… Resulta que la parroquia de Martos, Santa Marta había quedado vacante, al ser destinado Frey Bullido, su párroco en ese momento, a la villa de Abanilla,.

Así las cosas, Sotomayor, pidió al Consejo que se le adjudicase su amada parroquia de Santa Marta, sin los problemas de Manzanares, y que podía aguantar mejor que nuestra villa los tres años que habría de estar sin párroco titular. De esa manera, en nuestra parroquia de Manzanares, habría de nombrarse, ya, un nuevo párroco titular que pudiera atender las muy perentorias necesidades existentes, que, a su juicio, no podían quedar aparcadas durante tres años…Bien sabía Sotomayor, continua D. Cosme, por todo lo que había sucedido solo dos meses antes, que este tipo de trueque no iba a ser aceptado por el Consejo…y, además, en este caso, de ser admitido, al menos, él, volvería a su amado Martos… Pero hay algo que nos hace pensar que Sotomayor contaba con esa negativa, y que, en su estrategia, estaba mantener su nexo con Manzanares. En su escrito, D. Pedro, introdujo, después, unos párrafos muy bien pensados, hacia lo que era la sensibilidad propia del Consejo en su toma de decisiones, que nos inducen a pensar que permanecer en Manzanares, era su verdadera intención…. 

Comentaba que, de no ser posible la pretensión de su vuelta a Martos (con lo que, probablemente, “animaba” al Consejo a tomar la decisión habitual en estos casos), y aunque en Salamanca, en lo particular, él iba a vivir una situación amable y cómoda para su persona, no podía dejar de pensar en la mala situación que quedaba Manzanares, y pedía al Consejo el favor de permitirle, a fuer de la carga personal y viajes que iba a suponer, pero que él asumía de buen grado, compatibilizar el Rectorado de Salamanca con la parroquia de Manzanares, en la que solo había podido sentar las bases de las muchas reformas que precisaba.. y seguía escribiendo, que era evidente que tres años sin párroco titular eran excesivos en esa situación, donde además estaba prevista la visita a la villa del Arzobispo de Toledo… 

Parroquia Asunción.

No era, a su juicio, muy conveniente su ausencia en ese momento, dejando la parroquia en las manos de algún ecónomo de la Orden, desconocedor de ese estado de cosas…. El Consejo, pasó el escrito al fiscal encargado de estudiarlo, y el 30 de Octubre, éste, contestó en la línea que había previsto Sotomayor en su estrategia…. Inicialmente, el fiscal decía que no era posible el trueque de curatos, ya que estos precisaban de la reglamentaria oposición…Y en la segunda parte de su respuesta, asumía los argumentos de Sotomayor, sobre la pertinencia del momento para que, en función del complicado estado de nuestra parroquia, éste, pudiese compatibilizar el rectorado de Salamanca con la parroquia de Manzanares, …“mordiendo el anzuelo” que Sotomayor había introducido en su carta,… al afirmar el fiscal que:..“consideraba a Sotomayor muy conveniente para las reformas que necesita Manzanares y, sobre todo, que su presencia podía ser de gran utilidad en la visita del Arzobispo de Toledo a nuestra villa”…. Finalmente, terminaba su escrito, alabando a Sotomayor al recomendar todas sus pretensiones de la siguiente manera… “El Consejo tendrá presentes las recomendables circunstancias y loable celo (de Sotomayor) en beneficio de aquella feligresía y parroquia, en bien de la Orden, y los méritos que contraiga nuevamente en el desempeño de estos importantes encargos para los ascensos a que aspire”… Así la cuestión, sigue D. Cosme, el Pleno del Consejo de las Ordenes , que se reunió al día siguiente, atendió parcialmente, la propuesta del fiscal, escribiendo lo siguiente:.. “No hay lugar a las pretensiones de Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor, a quien se encarga que para el tiempo de la visita eclesiástica que ha de practicarse en Manzanares proporcione su residencia en aquella villa, y que durante su ausencia en Salamanca facilite al teniente que deje nombrado los conocimientos e instrucciones que juzgue convenientes para conservar el buen orden que desea en su iglesia”,… “el Consejo tendrá presente el merito de este párroco para sus pretensiones en lo sucesivo”.


De este modo, a pesar de la ambigua respuesta del Consejo, quedaba claro que Sotomayor había conseguido mantener su adscripción a Manzanares, junto a su destino de tres años en Salamanca, quizá no con la plenitud que pretendía D. Pedro, pero si logrando que ese nexo de unión no quedase roto… unión intermitente, pero que habría de ser suficiente, para que, con el decisivo empuje de nuestro pueblo, terminase por ser definitiva…algo de lo que hablaremos en el siguiente relato, ya que este ha ido de bastante para dejar en suerte, el como nuestro gente de Manzanares terminó el trabajo que había iniciado Sotomayor, en asegurarse, para si mismos, para toda la feligresía del pueblo, el cuidado definitivo de su insigne Pastor…



sábado, 16 de febrero de 2019

204). RELATOS PEDRO VILLARROEL. MANZANARES 1912: SALUD Y QUERENCIA CUESTIONAN AL PASTOR



No se asuste por el encabezado que quiero darle a esta crónica, querido reportero, me dice D. Cosme para comenzar este relato…Ciertamente, sigue, es difícil encontrar un ser humano con los extraordinarios y firmes principios morales y personales de Frey Don Pedro Alvarez de Sotomayor, pero a lo que quiero aludir con ese título, es a los grandes problemas que tuvo D. Pedro en Manzanares, en ese año final del siglo de las luces, que fue también el primero de su larga travesía vital en nuestra villa...

 Y es que, siendo cierto que esa intensa y larga peripecia de Sotomayor en Manzanares, sigue D. Cosme, no dejó nunca de estar plagada de cuitas y dificultades, desde su llegada a nuestra villa, ese último año del Siglo Ilustrado, su primero en Manzanares, “se llevó la palma” en ese aspecto, al extremo que estuvo a punto de abortar, casi antes de iniciarse, la que habría de ser la trayectoria vital más importante y trascendente de un pastor espiritual en la villa de Manzanares, la de Frey D. Pedro Alvarez de Sotomayor. 

Ese primer año, 1799, Sotomayor tuvo numerosos problemas en su actividad pastoral y en sus relaciones con el concejo y otras autoridades del Consejo de las Ordenes, que repercutieron hasta en su salud... Nada más llegar a Manzanares, sigue D. Cosme, y tras su incorporación real a nuestra villa, en Abril o Mayo de aquel lejano 1799, comenzaron los problemas de Frey Sotomayor, por el desordenado estado de la parroquia de Manzanares en aquel tiempo. En todo caso, y así las cosas, el 27 de Junio de 1799, tuvo lugar el acto solemne de recepción oficial de Sotomayor en la catedral de Manzanares… Ese día histórico, D. Francisco Antonio Nuñez Prieto, rector por entonces del cabildo, hizo leer la solicitud del nuevo párroco acerca de su toma de posesión… Terminada la lectura, desde el cabildo se le preguntó a D. Pedro Alvarez de Sotomayor “si conocía, y si se hacía cargo de sus obligaciones en la Comunidad a la que se incorporaba como párroco”…, a lo que, Frey Sotomayor, lacónicamente, respondió “afirmative”…con lo que, de manera automática, quedó confirmado como máximo pastor de la villa de Manzanares de la Mancha.. 

Meses después, en octubre de 1799, Sotomayor escribe al Consejo de Ordenes lo siguiente: …“El pueblo de Manzanares, al menos de diez años a esta parte, en lo formal no ha tenido párroco, pues el antecesor, por sus achaques y avanzada edad, todo lo fiaba a los tenientes.., el exponente lo encontró todo en el mayor desorden; desde su ingreso en el curato ha procurado a costa del mayor trabajo poner en orden aquella feligresía como es notorio, aunque no completamente por ser obra de más tiempo”. A este tiempo, Frey Sotomayor ya había tenido ocasión de mostrar en la villa su beligerancia a favor de los pobres y enfermos, cuando, al hacerse cargo de la muy deficiente situación del hospital de Altagracia, del que, como párroco, formaba parte de su patronazgo, se quejó de ello a sus responsables, al cabildo y al Consejo de las Ordenes… y, si bien –sigue D. Cosme- solo recibió, por única y desabrida respuesta, que fuese él, como uno de los patronos del hospital, quien se responsabilizase de administrar lo que había, no dejó de luchar, en sus primeros tiempos de estancia en Manzanares, por mejorar las condiciones del hospital, y lo hizo a base de obtener, como no se había visto hasta entonces en la villa, limosnas de la feligresía…. 

Este episodio, del primer tiempo de Sotomayor en Manzanares, le dio pie a D. Pedro para mostrar de inmediato un discurso determinado en sus homilías, donde siempre dejaba claro que la caridad cristiana, no era algo voluntario, sino imprescindible y obligatorio para un buen cristiano. Para Sotomayor, él que tenía más, venía obligado a compartir con quien tenía menos y, en eso, era inflexible y contundente. Este discurso, en aquel tiempo, era un mensaje a veces difícil de asumir por mucha gente, pero la firmeza y solvencia en los planteamientos de Sotomayor, su brillantez en la transmisión de la doctrina cristiana y su capacidad de liderazgo, le granjeó, muy pronto, el respeto y la admiración de su feligresía, en este, y en otros aspectos pastorales de su actividad...

Grabado del Stmo. Cristo del Perdón de Manzanares, año 1674. Autor: Marcus Orozco.

Por otro lado, en el desarrollo de las cuestiones parroquiales que tuvieran que ver o compartieran, de algún modo, responsabilidades con el Concejo, D. Pedro también dejó claros indicios de su personalidad desde los primeros tiempos de su llegada…De hecho, prosigue D. Cosme, en un principio, los regidores y miembros del Concejo de la villa, se mostraron sorprendidos e, incluso, vieron con cierto recelo y preocupación, la rápida, intensa y determinada actitud que mostraba D. Pedro en cualquier caso que se trataba entre parroquia y concejo… Ya hemos comentado el asunto del Hospìtal de Altagracia, y la queja inmediata que dió Sotomayor de sus carencias al poco de llegar a la villa, pero es que, en otros muy diversos temas, también hubo sus más y sus menos… Por ej, continua D. Cosme, hemos visto también, como Sotomayor se quejó al Consejo de la Ordenes de la situación parroquial, cuyo desorden y falta de control, seguramente hizo que, con frecuencia, competencias de la parroquia fueran invadidas por el concejo, o estuvieran al descubierto, cuando él se hizo cargo de la misma… Ante esa situación, Sotomayor fue muy claro a la hora de recuperar y defender para la Iglesia y su curato las que eran, de manera exclusiva, competencias parroquiales,.. en tanto que comenzó a exigir al Concejo cumpliese aquellas obligaciones que tenía con la Parroquia… que estaban descuidadas, no controladas o, simplemente, ni se cumplían, por la situación de desorden y falta de autoridad en la iglesia local, en el tiempo anterior a su llegada a Manzanares…

Sin duda, dice D. Cosme, en sus primeros difíciles meses en Manzanares, hubo momentos tensos y complicados entre Alvarez de Sotomayor y el Concejo, pues la personalidad determinada de D. Pedro, su claridad en los conceptos, la urgencia de algún tema y el convencimiento que tenía en sus propias razones, posiblemente, le llevaban a mantener un discurso tajante, convincente y bien estructurado, pero quizá muy exigente, en cuanto rapidez de acción y resultados, para sus interlocutores del Concejo… quienes, seguramente, dije jocoso y retrancoso, D. Cosme, manchegos como eran, estaban imbuidos, muchos de ellos, de una “campechanía natural”, rayana con frecuencia en cierta “galbana sanchopanzesca”,..una característica que adorna a mucha de la buena gente de nuestra tierra, para las que, sigue D. Cosme con su retranca, el tiempo de reacción ante cualquier propuesta no es nunca algo primordial… 

Pero, sigue.., a la percepción del inquieto y activo nuevo pastor de Manzanares, eso debió resultar desesperante, al extremo que le produjo un estado de ansiedad y desasosiego que, como veremos, repercutió en su propia salud, y estuvo a punto de motivar que nos dejara el mismo año de su llegada a nuestra villa… Por fortuna para Manzanares, mi querido reportero, continua D. Cosme, eso no sucedió, tras las diversas peripecias y gestiones habidas al respecto, que, finalmente, certificaron la permanencia en Manzanares de Frey Sotomayor.. Todo eso, también se lo contaré, para que usted lo recuente en el próximo relato, por su curiosidad, como por la trascendencia que pudo tener para Manzanares, que Sotomayor se hubiera marchado al poco de llegar… Seguro que nuestra historia posterior, sigue D. Cosme, habría sido muy distinta, si Sotomayor hubiera dejado nuestra villa antes de concluir aquel último año del siglo ilustrado, en el que llegó a Manzanares... Pero lo cierto fue que, pasado un poco más de tiempo, las cosas cambiarían totalmente, y aunque nunca sabremos las razones últimas de ese cambio, en mi opinión, sigue D. Cosme, y haciendo uso de algunos datos de la tradición oral recontada, generación tras generación en el siglo XIX, y también por lo que se puede deducir de otros episodios que, en distintos momentos, protagonizó Frey Sotomayor en Manzanares, la inteligencia natural de D. Pedro, le llevó a comprender y a entender muy bien, las características psicológicas de nuestro pueblo y sus gentes,… Esa forma manchega de ser, tan genuina de Manzanares; que, aparte de la ” campechanía”, considerada antes, quizá, origen de bastantes de las cuitas iniciales de Sotomayor, es, también poseedora de otras muy grandes valores y de pequeñas imperfecciones.. Siempre fuimos gentes muy solidarias y generosas entre los paisanos, y con quien necesita ayuda, muy respetuosos con las jerarquías civiles y eclesiásticas… pero, a la vez, muy autosuficíentes y muy celosas y ocultistas de lo propio, (casi siempre más que por avaricia, o miedo a perderlo, por aquello del “que dirán”), lo que nos hace, con cierta frecuencia, desconfiar del “forastero” que llega, antes de conocer sus intenciones, tal como creo, incide D. Cosme, pudo ser el caso de D. Pedro Alvarez de Sotomayor.. Cuando él comprendió, y se hizo cargo, de ese carácter nuestro, sin variar ni un ápice sus exigencias, que estaban bien fundamentadas en las leyes eclesiales y civiles vigentes, con un hábil discurso, muy bien adaptado a lo que pedía esa psicología manchega tan nuestra, se mostró al concejo, al igual que había hecho con la feligresía común de la villa, no como un contrincante reivindicativo, sino, también, como el pastor de todos ellos… su referente espiritual, haciéndoles ver que lo que les pedía era algo sencillo y normal, cumplir el compromiso que, como cristianos, tenían con la Santa Madre Iglesia, representada, para ellos, en la Parroquia de su pueblo, a la que debían ver, más como feligreses que como dirigentes. La brillantez discursiva de D. Pedro, continua D. Coisme…en torno a ese argumentario doctrinal, hizo todo lo demás, consiguió en poco tiempo todo lo que reivindicaba del concejo para la parroquia, y se ganó el respeto y admiración de todo su pueblo, (pobres y poderosos), que asumieron la jerarquía moral e intelectual del párroco… algo que, además, explica muy bien que Sotomayor, no solo se erigió entre su pueblo como gran pastor espiritual, sino que se convirtió, también, en el líder político-social del pueblo, lo que se mostraría de manera palmaria y evidente en los primeros años de la centuria que se avecinaba, cuando los durísimos tiempos de la invasión francesa de España y la subsiguiente Guerra de la Independencia.

Pero de todo eso, querido cronista, de la importancia y relevancia que tuvo nuestro insigne párroco en Manzanares, tendremos ocasión de comentar en múltiples otras crónicas que habrán de sucederse. De momento puede dar por concluida esta, que fue ya de bastante para explicar mucho de cómo era D. Pedro Alvarez de Sotomayor, y como se ganó a su pueblo…, y que no quiero que concluya usted sin dejar aviso a sus lectores de la que a continuación tendrán ocasión de leer, acerca de esos apuntados problemas de salud que sufrió D. Pedro al poco de llegar a Manzanares, que merecen por si solos un relato, por la curiosidad de las descripciones galénicas, escritas al tiempo y a la altura de ese salvífico arte, a finales del Siglo Ilustrado…